Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Cambian clima, valores y recursos

HASTA HACE POCOS AÑOS, QUIENES hablaban de la relación entre economía y medio ambiente eran académicos esotéricos y las consideraciones ambientales estaban lejos de influenciar los planes y programas de desarrollo económico y social.

Hoy la relación ambiente, economía y calidad de vida es el eje de las conversaciones en la Organización de Naciones Unidas (ONU), ocupando un creciente espacio en las discusiones políticas, tanto en el ámbito nacional como en el internacional.

La semana pasada se dio en Bogotá un encuentro que hace algunos años era impensable: la Contraloría General de la República, con apoyo de la Embajada de Holanda y del Sena, adelantó el seminario internacional sobre biodiversidad y cambio climático (CC).

La Contraloría presentó resultados del seguimiento que hace a la efectividad de las políticas públicas sobre biodiversidad y enfatizó que el país no cuenta con un Sistema Nacional de Áreas Protegidas legalmente conformado y en funcionamiento, que incluya no sólo legislación y categorías, sino incentivos financieros atados al ordenamiento territorial. Igualmente, señaló las deficiencias de las CAR y las administraciones municipales en la gestión de uso sostenible y la conservación en paisajes intervenidos. Llamó la atención sobre el error estratégico que hace que “aún prime la rentabilidad de corto plazo sobre los intereses ambientales y sociales de largo plazo”. Es muy valioso que sea la Contraloría la que llame la atención al respecto.

En su intervención, Carlos Costa, ministro del Medio Ambiente, destacó la importancia del apoyo de Holanda a la gestión ambiental en Colombia y señaló cómo al final del año pasado la ONU reconoció el impacto del CC y la necesidad de adaptación y mitigación, así como sus importantes costos económicos. El Ministro señaló el impacto negativo del CC en la pérdida de biodiversidad y la necesidad urgente de tomar medidas, pues tiene implicaciones económicas de corto plazo asociadas con la producción, con el turismo y con el agua. Mencionó la importancia de los ecosistemas naturales para la adaptación humana al CC y la de los servicios ambientales asociados con el agua, como algo vital. Hizo referencia a la necesidad de que en la reunión de la ONU, en diciembre próximo en Dinamarca, se consoliden acuerdos sobre cómo financiar las estrategias nacionales de reducción de la deforestación y la degradación de los bosques (REDD), para compensar a los países que almacenan oxígeno en sus bosques.

Los impactos económicos relacionados con el deterioro ambiental y con el CC son tan graves, que por ejemplo Noruega ha comprometido con el Fondo Amazónico Brasileño la suma de US$1.000 millones para los próximos 6 años, si Brasil disminuye efectivamente su tasa de deforestación.

Colombia tiene que definir su estrategia REDD para aprovechar su potencial, puesto que cerca del 40% del territorio aún es bosque, y es importante que el Ministerio del Medio Ambiente logre convocar, como se ha hecho en Costa Rica, México y Brasil, a otros Ministerios y sectores económicos, como agricultura, minas y energía, transporte y vías, y llevar la propuesta REDD a nivel del Plan Nacional de Desarrollo. Si no es así, será poco o nada lo que se logre y otros países conseguirán mejores argumentos para captar las compensaciones que empiezan a hacerse disponibles en el contexto internacional.

 

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