Por: Luis Carvajal Basto

Cambio climático y naciones divididas

Cuando esperaríamos una asamblea de la ONU enfocada en la recesión inminente; en el indispensable debate entre proteccionismo y globalización, con el habitual protagonismo del presidente Trump, resurgió el cambio climático como  tema de fondo, y la joven Greta Thunberg  como  estrella ascendente. En la agenda internacional, finalmente, Trump mantuvo su papel, pero por cuenta del juicio político abierto en su contra que opacó a la misma asamblea.

Siempre tenemos esperanza en las reuniones de la ONU. Al fin y al cabo se trata del organismo más importante creado para preservar y promover la Paz y los Derechos Humanos luego de las desastrosas lecciones de la segunda guerra mundial. Pero la ONU no es un súper Estado y, casi como regla, su capacidad coercitiva, para proteger el interés común y lograr sus objetivos, se encuentra bloqueada en el Consejo de Seguridad. Estados Unidos, China y Rusia, los actores más relevantes, no coinciden en sus particulares intereses, así que la ONU no tramita, en la práctica, diferencias de fondo en esa dirección y, en más de una ocasión, un mundo nuclearizado se ha encontrado en vilo: cada quien hace lo que le conviene y lo que su capacidad económica y militar le permiten.

Pero no por ello deja de ser el más importante foro de que disponemos los seres humanos. Si los Estados fueran actores racionales, y la política lo fuera, los efectos del cambio climático, una realidad soportada científicamente y vinculada estrechamente con el debate entre proteccionismo y globalización, deberían ser su prioridad. El neo proteccionismo con vestiduras populistas, está propiciando en este 2019, el deterioro de la economía mundial de forma ex profesa, un asunto que debería debatirse y resolverse, si fuera posible, considerando razones, hechos e ideas, en la asamblea de la  ONU.

En la asamblea de la ONU el hecho mayormente notorio, sin embargo, han sido las divisiones, no solo entre países sino al interior de ellos. En el choque entre democracia liberal y globalización al que asistimos en el siglo 21, los estados nacionales han perdido capacidades y protagonismo. El retorno al proteccionismo, también, es una forma de desconocer los acuerdos mínimos que la humanidad ha conseguido desde la posguerra, dentro de los cuales el  de París sobre cambio climático pudo ser el más complejo de lograr en los tiempos recientes pero, así mismo, el más importante para nuestra supervivencia como especie.

Sin embargo no se trata de que las naciones no logren ponerse de acuerdo, “solamente”. Los efectos del discurso proteccionista han atizado emociones y sentimientos ciudadanos generando una polarización sin antecedentes al interior de los países en un mundo en que los medios de comunicación siguen creando las agendas públicas pero permitiendo que unas redes, más susceptibles de manipulación, fabriquen, a su vez, la agenda de los medios. ¿Podrá recuperar su unidad el Reino Unido después del Brexit cualquiera sea su destino? ¿Lo logrará Estados Unidos luego de la guerra comercial y el juicio político al presidente Trump?

Un escenario de naciones divididas, frente a temas de conveniencia universal que exigirían unos acuerdos mínimos, no será propicio para el crecimiento de las economías y el bienestar de sus ciudadanos en un periodo en que la democracia afronta su mayor reto luego de la revolución industrial que coincidió, y propició, con su nacimiento: integrar en el sistema político los cambios generados por la globalización y la digitalización. La razón histórica, mejor representada hoy por Greta Thunberg  que por Boris Jhonson, en el corto plazo, tiene todas las de perder. Por ello, sin embargo, no deja de ser la razón, en este caso, con suficiente soporte científico como, en su momento, lo pudo demostrar Barack Obama presidente, al firmar y promover el acuerdo de París.

@herejesyluis

Posdata. En el terreno del análisis político no es recomendable sacar conclusiones apresuradas del  juicio  al presidente Trump: la experiencia dice que el expresidente Clinton alcanzó los niveles más altos de popularidad, 73 %, luego de que su propuesta de juicio fuera derrotada en el Congreso. Trump tenía la semana pasada los niveles de aprobación más altos, 44,9 %, en los últimos 30 meses. Él lo sabe; afirmó: "podría pararme en el medio de la quinta Avenida y dispararle a alguien y no perdería votantes".

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