Por: Columnista invitado

Cambio cultural para salvar vidas de biciusuarios

POR: Jorge Torres *

Los bogotanos nuevamente asistimos a un escenario paradójico en el que vemos como una nueva vida de un biciusuario es segada en las vías, tal como sucedió con Luna Valiente quien murió al ser arrollada por bus híbrido en la carrea 7 con calle 47, pero a su vez también advertimos los grandes avances de la ciudad en el uso de la bicicleta como medio de transporte, siendo contribución clara y contundente a la solución de los problemas de movilidad de la urbe y al cuidado del medio ambiente.

Ya son más de 45 biciusuarios que fallecen en lo que va transcurrido de 2017, cifra que de momento es baja comparada con la arrojada en 2016 anualidad en la que murieron 71 ciclistas y 1.270 resultaron heridos por accidentes viales en Bogotá. El número de víctimas mortales cuadruplica al de Nueva York en el mismo año. Estas cifras representan una realidad ominosa del uso de la bicicleta en nuestra ciudad que debe hacernos reflexionar a todos, usuarios y no usuarios, y exige que actuemos al unísono en su solución.

Hoy Bogotá cuenta con más de un cuarto de millón de biciusarios que realizan 575.356 viajes diarios, casi el doble de los que se contabilizaban hace solo diez años. Los usuarios de la bicicleta perciben claras ventajas en este medio de transporte. El 71% la usan por el ahorro de tiempo en sus desplazamientos. El 63% resaltan el cuidado del medio ambiente, el 59% los beneficios por el ejercicio, el 56% el ahorro de dinero y el 51% la comodidad que supone su uso, razones que explican el aumento del número de usuarios.

Pero en un país y una ciudad de grandes ciclistas, es preciso insistir en los temores y obstáculos que se oponen a que más y más personas opten por la bicicleta como alternativa para los desplazamientos. Y el mayor de ellos, en la percepción tanto de los usuarios como de la ciudadanía en general, de los medios y las instituciones, es la falta de seguridad vial como se evidencia justamente en los casos que se han presentado y que cobraron el de la joven Luna de escasos 19 años.

Y es que en lo corrido de esta década los biciusuarios han ocupado el tercer lugar en vulnerabilidad entre los actores viales, después de los peatones y los motociclistas. En el último año, en los accidentes fatales de los cuales fueron víctimas, los principales vehículos comprometidos fueron buses de transporte de pasajeros, vehículos livianos y motocicletas. La causa de los accidentes mencionada con más frecuencia es la imprudencia, tanto de los propios biciusuarios como de los conductores de vehículos motorizados. Entre los primeros, los comportamientos más observados por otros biciusuarios son transitar en contravía, ir con exceso de velocidad, transitar por el margen izquierdo y adelantar por la derecha. Entre quienes manejan vehículos de motor los comportamientos más frecuentes que ponen en riesgo la vida de los biciusuarios van desde el exceso de velocidad y la conducción en estado de embriaguez, hasta girar a la derecha sin cautela (causa muy frecuente de accidentes de biciusuarios), y obstruir, obstaculizar o cerrar el paso de los ciclistas.

Un hecho que parece claro es que el número de biciusuarios en las calles de Bogotá va a seguir aumentando, y el mayor reto que la ciudad va a enfrentar será el de proteger su vida e integridad. Esto supone, desde luego acciones gubernamentales como mejorar la infraestructura para el tráfico de bicicletas, aumentar la vigilancia de las rutas de biciusuarios y proporcionar sitios de parqueo adecuados. Pero son la ciudadanía y los propios biciusuarios los que deberán asumir la parte más difícil de dicho reto: el cambio de comportamientos y actitudes.

Es preciso trabajar de manera más decidida en la “cultura de la bici”, que no es algo que se asocie solo a los usuarios de la bicicleta. Son comportamientos, hábitos, actitudes, normas sociales, que toda persona debe observar al utilizar el espacio público. Una buena forma de comenzar a consolidar entre nosotros la “cultura de la bici” es leer, interiorizar y respetar reglas de conducta en la vía como las que se mencionan a continuación. Todas ellas están incluidas en el Código de Tránsito y a su vez las promueva la Secretaría de Movilidad, pero la clave para el cambio cultural que exige el gran reto del aumento del uso de la bicicleta en Bogotá radica en que se conviertan, más que en normas, en costumbres compartidas por todos.

El buen ciclista, ante todo, respeta al peatón y le da siempre la prelación, respeta las señales y las normas de tránsito, incluidos el semáforo en rojo, los pasos y puentes peatonales y los límites de velocidad. Usa las ciclorrutas, cuando las hay, y cuando no, transita por la calzada ocupando un carril, preferiblemente el derecho. No adelanta entre dos vehículos ni se sujeta de ellos, tiene cuidado con los puntos ciegos y mantiene una distancia prudente con los vehículos. Porta los elementos de seguridad como el casco y los elementos reflectivos, y en la noche lleva siempre las luces delantera y trasera. No transporta personas que afecten su equilibrio, conducción o maniobrabilidad. Mientras conduce la bicicleta no usa audífonos ni celular. Nunca hace maniobras peligrosas, conduce sujetando los manubrios y hace uso correcto de las ciclorrutas. Al girar o parar utiliza señales manuales y busca hacer contacto visual con otros conductores y peatones. Planea su viaje y anticipa dónde va a parquear la bicicleta, y nunca conduce bajo los efectos del alcohol o las drogas.

Proteger la vida e integridad de los ciclistas y peatones debe ser prioridad ya que son los actores viales más vulnerables. En la vía prima la vida y todo accidente es evitable.

*Concejal de Bogotá (Partido Verde), lidera la bancada de la bicicleta en el Concejo de Bogotá.

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