Por: Iván Mejía Álvarez

Cambio de chip

Sampaoli y Quintero mintieron rotundamente antes del juego que dio inicio a la edición 44 de la Copa América.

Dicen que la lengua es el peor enemigo del hombre, y para los dos técnicos las declaraciones previas se convirtieron en un azote posterior.

Sampaoli dijo que esta selección chilena debería evolucionar y dejar a un lado la prisa, las urgencias y el ritmo infernal que logró meterle en su paso por la roja el técnico Marcelo Bielsa. Afirmó que quería más posesión, una elaboración más racional, un juego en el que sus futbolistas, con buen pie, pudieran desplegarse a lo ancho con toque y elaboración.

No fue así. Una cosa dice el técnico y otra hacen los jugadores, quienes se sintieron atrapados en la vorágine del ritmo trepidante que les inculcó Bielsa y jugaron 45 minutos a todo vapor, con poco manejo, escasa gestación, pocas ideas y llevados de las necesidades que la tribuna les dictaba por ser la inauguración y su condición de locatarios.

Lo único que no tenía esta selección de Sampaoli era la presión alta para recuperar. De resto, los mismos problemas y las mismas virtudes. Para lo civil y lo militar era el estilo Bielsa. La genética del equipo, el chip, seguía incrustado inclusive hasta en el dibujo táctico.

En el segundo, con la entrada de Matías Fernández y el cambio de módulo, pasando de los tres a los cuatro en el fondo, Chile se acercó más a la versión que pretende Sampaoli. Por ahora, gana la genética.

Quintero llegó hace tres meses y prometió cambiar el estilo, enseñado al dibujo del 4-4-2 con los mandatos de Hernán Darío Gómez, Luis Fernando Suárez y Reinaldo Rueda. Dijo el técnico que quería un equipo más ofensivo, menos apegado a la doble línea de cuatro. Ecuador fue en el campo de Ñuñoa una réplica del onceno que manejaron los colombianos, pegadito al portero, cerrando espacios, con jugadores duros y fibrosos, poco convencional en las transiciones, con Valencia peleando contra el mundo. Duro, pero avaro en ataque, y eso que tenía a Montero dándose un banquete a costa de Islas.

También ganó la genética, el chip de los colombianos Gómez, Suárez y Rueda, lo que vienen haciendo desde hace doce años y que Quintero no puede cambiar de un día para otro.

Quintero parecía tener cerradito el partido hasta que apareció el penal y entonces, cuando intentó desbaratar su módulo, se encontró con que los jugadores todavía no manejan el nuevo chip. Los pasaron de Android a Apple y no entienden.

Lección: calladitos se ven más bonitos…

 

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