Cambio de metodología o de concepción

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El DANE sorprendió con una tasa de crecimiento de 2,2 % para el primer trimestre del año. En la información desagregada se encuentra que la agricultura crece 2 %, el suministro de electricidad, gas y vapor 0,6 %, las industrias manufactureras -1,2 %, la explotación de minas y canteras -3,6 % y la construcción -8,2 %.

El DANE adoptó un cambio metodológico drástico: amplió el número de sectores en el cálculo del producto nacional. Los nuevos sectores crecen a altas tasas y carecen de historia estadística. En contraste, las actividades tradicionales de minería, agricultura, industria, construcción y energía, que representan más del 50 % del valor agregado de la economía, crecen en conjunto a menos de cero. Es bien sabido que cuando la mitad de las partes de un sistema crece por debajo de cero, lo más probable es que la suma no crezca muy por encima de cero.

Lo cierto es que la elevación del crecimiento del primer trimestre (2,2 %), con respecto al mismo período del año anterior (1,3 %), no obedece a la mejoría del desempeño de la economía, sino al cambio del procedimiento metodológico. Si el cálculo de los dos trimestres, es decir, de 2017 y 2018, se realiza con la nueva metodología, el crecimiento sería similar. No hay tal recuperación de la economía.

Hasta aquí las observaciones metodológicas. Las cifras desagregadas muestran que los sectores centrales y líderes de la economía avanzan por debajo del promedio. Dejan al descubierto las enormes deficiencias del modelo económico. La caída de la minería por cuarto año consecutivo revela que la movilización de los recursos al sector petrolero no tuvo la incidencia prevista. Debido a los enormes requerimientos de capital, los elefantes blancos, como Reficar, generan rendimientos muy modestos. En cualquier otra actividad de la economía habrían rendido mucho más. La caída de la industria y la volatilidad de la agricultura revelan cómo el modelo de minería y petróleo, así como la libertad cambiaría, bloquean el avance de los dos sectores. Su desarrollo no es posible sin una prioridad clara a la inversión y la protección externa. Lo más desconcertante es la construcción. La infraestructura vial por sus altos requerimientos de capital y la baja rentabilidad privada no tiene las características para impulsar la economía. Sin duda, los recursos habrían resultado mucho más eficaces en la vivienda de interés social y en la construcción de ferrocarriles y vías menos ostentosas.

La solución no es modificar la metodología para introducir sectores sobre los cuales no se dispone de control, sino actuar sobre los hechos. Los esfuerzos han girado en torno a la baja de las tasas de interés, la regla fiscal, las reformas tributarias y la inversión en infraestructura física. Luego de 4 años de caída persistente del producto nacional y del incumplimiento reiterado de las proyecciones oficiales, es indudable que el modelo económico imperante no da los resultados previstos y anunciados en los altos círculos. De hecho, se plantea cambiar la estructura productiva de la minería a la industria, adoptar un marco cambiario, comercial y tecnológico que propicie las exportaciones y regule las importaciones, y seguir una política fiscal y monetaria combinada que asegure la igualdad entre el producto nacional y el gasto. Si a esto se agrega mayor progresividad tributaria y mejor focalización del gasto social en salud, educación y pensiones, la recuperación del crecimiento se realizaría con el aumento de la participación del trabajo en el producto nacional y la reducción del coeficiente de Gini.

 

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