Por: Antonio Casale

Cambio de modelo

Rodó la pelota. Ya se juega una edición más del campeonato de fútbol. Lo nuestro siempre será más cercano que lo de afuera y los sentimientos que genera el equipo de la ciudad propia o simplemente ese que se convirtió en el primer amor de nuestras vidas, son incomparables. Sin embargo, es claro que el actual modelo necesita una reforma de fondo.

En cuanto al juego, se abre cada vez más la brecha entre quienes pueden pelear por el título y los que pueden aspirar a no descender, además de cotizar a algún jugador para después venderlo al mejor postor. En ese sentido, ampliar de 18 a 20 escuadras sólo va a servir para bajar el nivel, veremos juegos cada vez más disparejos y la B, que en teoría debe ser la plataforma de lanzamiento de las nuevas figuras, quedó sirviendo de poco. En todos los deportes la categoría élite es para los mejores, por esa razón en ella compiten los pocos que tengan el nivel para hacerlo.

Lo anterior genera que en una jornada de 10 partidos haya varios, muchos, cotejos poco llamativos para las grandes masas. Sin desconocer el empeño que le pongan a la cosa los muchachos de Jaguares, Cortuluá, Uniautónoma y otros tantos que se han ganado su derecho a estar allí, la convocatoria a los estadios de parte de esos equipos es prácticamente nula.

El modelo de derechos de TV también está en mora de reconsiderarse. Tres años después de que se implantó, siguen siendo solo las minorías las que pueden disfrutar de los partidos y el fútbol, señores, es el deporte del pueblo. Un campeonato sin exposición mediática está condenado al largo plazo a perder importancia entre los espectadores. Si el torneo estuviera en todos los televisores o al menos en la mayoría, habría mejores patrocinios para los clubes, mayores asistencias a los estadios y otros aspectos que significarían más ingresos para los equipos que, bien invertidos, mejorarían sin duda el nivel. Por alguna razón que ya poco importa, los cableoperadores que cuentan con la mayoría de suscriptores no se interesaron en comprar los derechos al precio que pide la Dimayor. Es hora de buscar variantes. Si no se puede con Claro y Une, que sea con los canales públicos, los regionales o incluso con los internacionales de mayor alcance, como Espn o Fox. El fútbol colombiano hoy goza de buena reputación y eso hay que aprovecharlo.

El FPC es posiblemente el escenario de entretenimiento más saludable y cercano que tenemos los colombianos. Debemos propender por fomentarlo. Es hora de que quienes lo manejan se sienten a rediseñar el modelo y piensen en el interés común, es decir, en sus equipos, las ciudades que representan y los hinchas que los siguen. 

 

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