Por: Patricia Lara Salive

Cambio de Piel

COMO LAS CULEBRAS, QUE CADA TANto botan su vieja piel y se revisten de una nueva, el Presidente parece estar haciendo lo mismo: afortunadamente, todo indica que su rol de pugilista ha mutado en el de conciliador, y que ya no será el líder que incendia las peleas y los espíritus sino el que calma las tormentas que él mismo  ha desatado.

Hay varios indicios de ese cambio de cuero:

1) El tirón de orejas de Uribe al ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, por haber seguido su pelea con el presidente Chávez, como si ambos mandatarios no estuvieran ahora en luna de miel: sí, la Casa de Nariño les exigió a los voceros del gobierno “total prudencia para no afectar” el propósito de “avanzar en una nueva era de las relaciones” entre Colombia y Venezuela. Hizo bien Uribe: esa pelea no le conviene a nadie. Pero no estoy tan segura de que el cambio de piel del Presidente haya sido tan absoluto como para que no le hubiera producido una satisfacción íntima que Santos dijera que lo importante es que las palabras de Chávez contra las Farc se traduzcan no sólo en que no colabore con ellas, sino en que ni siquiera tolere su presencia en Venezuela.

2) La reunión entre Uribe y los presidentes de la Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia y de las salas Penal, Civil y Laboral, propiciada por el Ministro del Interior, Fabio Valencia, para apaciguar la muy inconveniente bronca entre el Presidente y la Corte. Ese acercamiento había empezado la semana pasada, con el encuentro entre Uribe y la cabeza del Poder Judicial, organizado en la Arquidiócesis de Bogotá por el cardenal Pedro Rubiano.

3) La solicitud de Uribe a Chávez para que le ayude a distender la situación con el presidente Rafael Correa y a restablecer las relaciones de Colombia con Ecuador.

4) El reiterado llamado de Uribe a las Farc, en un tono mucho menos agresivo. Ya no los calificó de terroristas y bandidos, sino que afirmó: “Ojalá hubiera ahora un diálogo directo entre el Gobierno y los grupos guerrilleros y se hiciera la paz”.

5) El reemplazo del pendenciero antiguo Ministro del Interior por Fabio Valencia, un conciliador que entró buscando limar asperezas entre el Presidente y la Corte, y que además es un conocedor de las Farc pues, en época de Pastrana, mantuvo con ellas una relación tan buena, que llegaron hasta hacerle en el Caguán tremenda rumba de despedida cuando lo nombraron embajador en Italia. Que el Ministro del Interior sea cercano a las Farc es bueno porque, ante todo, para hacer la paz, hay que poner de interlocutores a delegados a los que los guerrilleros les pasen al teléfono.

6) El casi seguro nombramiento en la Cancillería de Jaime Bermúdez, un académico, un hombre sencillo al que no le gusta estar subido en el pedestal, un experto en comunicaciones y en resolución de crisis, un bogotano cauteloso que a diferencia de tanto paisa con tendencia a buscar peleas, es capaz de establecer puentes entre Uribe y los Presidentes hostiles a él, un cantante de rock descomplicado y chévere que le habla al oído al Presidente y le dice lo que piensa. El nombramiento de Bermúdez en la Cancillería es un acierto, entre otras cosas, porque además puede hacerle contrapeso a la antipática e inconveniente acidez de José Obdulio, y hasta pueda llegar a convencer al Presidente de que es mejor para él y para el país que desista de la reelección y termine su mandato con esa popularidad y esa aceptación que hasta Dios le envidiaría.

Sí, ojalá esta nueva piel le acomode al Presidente. Y le dure…

 

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