Por: Mario Morales

Cambios e inamovibles

En medio de la quejadera uribista, tal vez llegó el momento de volver a hablar de los inamovibles que orbitan sobre las discusiones de La Habana, pero también de sus cambios para aclimatar la opinión, como diría el ministro Cristo.

La insurgencia ha vuelto a plantear dos de sus inamovibles y un esguince, para decirlo en términos de De la Calle. El primero de ellos es el de “cero cárcel”, como se lo dijo sin ambages Iván Márquez a Noticias Uno.

Precisamente ese es el punto de victoria moral que, con sofismas, reclaman la derecha y una parte del país como si fueran fetiches. La imagen de la guerrilla tras las rejas (a lo Abimael Guzmán) está vista como una venganza consumada, trastocando el espacio de diálogo como si fuera una rendición. El sofisma es ver esa imagen de sometimiento como garantía de no repetición, dejando de lado los procesos de reinserción. Lo de “cárcel cero” se entiende así no se comparta por espíritus vindicatorios. Nadie va a dialogar para ponerse luego tras las rejas. Tenemos tiempo para deglutir ese batracio.

El otro inamovible parece más complicado. Del dilema entre dejación o entrega de las armas, hoy la guerrilla ha saltado a la promesa de no utilizarlas en política, lo que dejaría abierta la puerta a su uso en otras circunstancias, como el eventual incumplimiento del Gobierno. Es decir, una paz condicionada y latente. No. Hay que extender esa promesa al compromiso de destruir las armas o entregarlas a organismos internacionales.

Y el esguince es la propuesta de la insurgencia de una asamblea nacional constituyente para incorporar las reformas que se acuerden. No sólo no es el único camino, sino que es a todas luces improcedente.

Está claro que algunas reglas cambiaron y que lo de la confidencialidad cumplió su hora. Que los medios tengan acceso a los decires de la guerrilla, pero con rigor periodístico. Que no repitamos el error de trivializar los diálogos con moda, shows y conciertos. Ese guayabo parece inamovible.

 

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