Por: Luis E. Giusti L.

Cambios y dilemas de Obama

El presidente de Estados Unidos atraviesa por un escenario donde la política ambiental para reducir emisiones de carbono ha fallado y también la perforación de pozos de petróleo y gas se ha restringido.

Durante la primera mitad del gobierno del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, sus posiciones en materia de energía en general y de petróleo y gas, en particular, parecen haberse visto afectadas por información incompleta o deficiente. Algunas indicaciones de ello han sido, por ejemplo, la inconveniente moratoria aplicada a las operaciones petroleras costa afuera, la fallida política ambiental de “cap and trade” destinada a reducir las emisiones de carbono (un complicado sistema de límites a las emisiones por empresa, incluyendo créditos negociables por reducción de emisiones), las restricciones a la nueva perforación para petróleo y gas natural en general, y el planteamiento estratégico en favor de la energía verde con carácter excluyente para los combustibles fósiles en el mediano plazo.

Ahora bien, en tiempos recientes Obama ha venido siendo atacado en el frente político por su manejo de la economía y las encuestas muestran la resultante insatisfacción general de la población. Esta situación parece estar obligándolo a reconsiderar algunas de sus posiciones.

En ese orden de ideas, su administración ha levantado la bandera del gas natural, apoyándose en “la revolución del gas en lutitas”, que ha traído al frente económico la gigantesca cantidad de reservas de gas no convencional de 4.000 billones métricos de pies cúbicos (TCF = Trillion Cubic Feet). Para poner esta cifra en perspectiva conviene saber que las reservas mundiales de gas convencional son de 5.600 TCF y Colombia tiene reservas de gas de 4,5 TCT.

Adicionalmente, los representantes de la industria petrolera han planteado durante años los beneficios de que Estados Unidos desarrolle más su petróleo y su gas. Finalmente, el presidente parece comenzar a comprender. El actual gobierno de Estados Unidos considera que el gas de las lutitas puede generar un cambio fundamental que permitirá al país alcanzar importantes nuevos objetivos económicos, ambientales, de seguridad y de política exterior.

Una reciente demostración del cambio de posición fue el anuncio por parte de la Casa Blanca del Plan Cheniere para exportación de gas natural licuado desde la costa del Golfo de México, el cual está respaldado por las nuevas reservas de ese gas no convencional, y se anuncia que generará 3.000 empleos directos.

La promesa de decenas de miles de empleos y de una nueva fuente de exportaciones, en especial con beneficios geopolíticos, es muy atrayente. Cheniere no solamente representa una excelente oportunidad para las compañías estadounidenses, sino que mitigaría la dependencia global de regiones volátiles. Además, Obama está respaldando al magnate petrolero T. Boone Pickens en su proyecto de convertir la flota de transporte terrestre pesado de diésel a gas natural, con el propósito de ayudar en el objetivo de reducir las importaciones en un tercio para 2025.

Sin embargo, el camino a seguir para consolidar ese futuro no está libre de obstáculos. La explotación del gas de lutitas requiere el uso de procesos de fracturación hidráulica a altas presiones, los cuales han sido cuestionados y atacados alegando que contaminan las aguas frescas superficiales utilizadas para consumo humano.

Mike Froman, un cercano consejero de alto nivel de Obama, ha dicho que le dan la bienvenida a este nuevo recurso, pero que debe asegurarse de que el proceso se haga sin daños ambientales. El futuro de la fracturación luce incierto y su eventual regulación constituye una amenaza para el desarrollo de la explotación del gas de lutitas.

En algunos estados ya existen regulaciones para la fracturación, pero la Agencia de Protección Ambiental (EPA) está todavía en el proceso de estudiar los impactos ambientales y sobre la salud, y los resultados definitivos se anticipan para finales de 2012. En palabras de Froman, “seguridad energética, economía, ambiente, cambio climático y seguridad nacional están todos interconectados y tenemos que verlos en perspectiva horizontal”.

La fracturación es una técnica operativa que se ha aplicado en más de un millón de pozos desde su introducción en 1949. Los petroleros saben sin duda que puede utilizarse con seguridad y sin efectos secundarios negativos. En 2010 se perforaron en Estados Unidos 44.000 pozos y el 80% de ellos fueron sometidos a fracturación. Como en todas las operaciones, es necesario realizarlas en condiciones de presión y temperatura adecuadas.

Con acciones bien conducidas, el único riesgo de contaminar las aguas frescas está en la disposición de las aguas utilizadas en el proceso y no en los pozos. Sin embargo, algunos estudios arrojan conclusiones diferentes, dependiendo de quién los pague.

En definitiva, a Estados Unidos y a Obama se les presenta una gran oportunidad, pero tendrán que enfrentar y manejar gran oposición. El cambio de posiciones del presidente es muy positivo para Estados Unidos, aunque en buena medida esa oposición ha sido propiciada por sus propios planteamientos iniciales.

 

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