Por: Columnista invitado

Caminándole a la paz

*Por Guillermo Rivera, ministro del Interior

El conflicto armado no solo dejó millones de víctimas, sino que afectó las relaciones más básicas del ser humano, la simple convivencia entre vecinos. La gente dejó de reunirse a pensar en el futuro de sus comunidades porque tenía miedo de expresar sus ideas y que al hacerlo se pudiera poner en riesgo su seguridad. Con respecto a las minorías, faltaba mucho camino por recorrer en el reconocimiento de sus derechos.

Desde que empezó el proceso de paz, nuestra prioridad ha sido que la gente recupere sus lazos sociales. Construimos las bases para que los derechos de las personas afectadas por el conflicto fueran reconocidos, la voz de las minorías empezó a oírse y las leyes, antes lejanas para los ciudadanos, ahora están siendo construidas con ellos.

La Ley de Víctimas es un buen ejemplo de eso. Ha sido la más importante para quienes sufrieron la guerra en carne propia. Con ella, más de 6,2 millones de víctimas han recibido apoyo según sus necesidades particulares, desde atención en salud e indemnización económica hasta el retorno y restitución de sus tierras.

Para empoderar a las comunidades en las decisiones que las involucran, hemos construido procesos de diálogo y fortalecido la consulta previa, un mecanismo que les permite conocer y opinar sobre los proyectos que se hacen en sus territorios. Un logro importante fue la incorporación de un capítulo étnico en el Acuerdo Final de Paz, que garantiza que se tendrán en cuenta la visión y necesidades especiales de nuestros pueblos étnicos en el posconflicto.

Por otro lado, creamos los Centros de Integración Ciudadana para que la gente pueda aprovechar su tiempo libre con programas de convivencia social, deportiva, recreativa, pedagógica y cultural. Hoy existen 677 de estos centros, que no son otra cosa que el inicio de una cultura de paz.

Implementamos la estrategia Vive Seguro, Vive en Paz, con la que se ha logrado una cobertura total de cámaras de seguridad en 12 ciudades capitales. Más de 6.000 cámaras instaladas se han convertido en una herramienta fundamental para combatir la delincuencia común, el microtráfico y la extorsión, entre otros delitos. Además, participamos en la construcción del nuevo Código Nacional de Policía, que no se había actualizado en más de 40 años.

Nuestra misión ahora es la de garantizar la convivencia armónica de los ciudadanos, continuar trabajando para que las comunidades sigan haciendo parte de las decisiones que las involucran y la voz de las minorías sea tenida en cuenta. Necesitamos hacer de Colombia un país en el que todos seamos respetados.

 

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