Por: Fernando Araújo Vélez
El Caminante

Caminar como camino

Caminar despacio, sin rendirles pleitesía al tiempo ni a aquellos que van de prisa para hacer un negocio de última hora. Caminar como diciendo no tengo nada que perder, pues en últimas, todo está perdido. Caminar a ritmo de tango, con la nostalgia del tango y ese ir cuesta abajo en mi rodada de todos los tangos. Caminar desechando la alegría de reír porque la Selección ganó, porque Colombia es un país muy feliz o porque el papa lo bendijo. Caminar con errores de ortografía, con los zapatos más viejos, el pantalón gastado y la camisa por fuera. Caminar sin paraguas, y si llueve, caminar bajo la lluvia y cantar a gritos, porque nadie va a decir nada. Caminar empapados por la mitad de las calles, mirar hacia las aceras a quienes se resguardan del agua, y cantarles Míralos como reptiles al acecho de la presa. Caminar y seguir caminando y anhelar en el camino no volver a decepcionar a nadie nunca más.

Caminar sin perdón y sin olvido, sin rumbo y sin pasado. Sin ritmo. Sin armonía. Sin la humildad que nos han impuesto, pero con la humildad de quien espera morir todos los días a la vuelta de la esquina, o de quien le vio la cara a la muerte alguna vez. Caminar a las tres de la mañana o a las cuatro de la tarde, un domingo, un lunes o un jueves. Caminar y patear las piedritas del camino y dar un rodeo, aunque sea eterno, para no pisar las flores de los jardines, si es que aún encontramos jardines. Decir en voz alta Tú me recuerdas las calles que nunca caminé, las palabras que no leí, las voces que jamás me hablaron, y la infinita diferencia entre lo que dice una mirada profunda y lo que esconden tus ojos bonitos. Caminar con un cuchillo en la garganta, con la garganta desnuda, y por trechos, hasta completamente desnudos. Caminar, y con cada paso pisotear la sombra de quien nos atacó por la espalda.

Caminar y despojarnos de todas y cada una de las cosas que nos dijeron, para construir otras a nuestra manera, porque al final del camino, nuestra manera va a ser lo único que importe. Caminar, tomar una rama del piso como bastón, y apartar con ese bastón a quien nos aturda con sus quejidos, metas y delaciones. Caminar y largarse sin decir adiós, “serena la mirada y firme la voz”, como decía el poeta. Caminar como juego, caminar como venganza, caminar como camino.

 

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