Por: María Elvira Samper

¿Camino hacia la hoguera?

EN LOS CORRILLOS POLÍTICOS LAS apuestas sobre cambios en el gabinete ministerial están a la orden del día, y el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, encabeza la lista de los candidatos a la hoguera.

No se lo vio durante la reciente ofensiva mediática oficial para contrarrestar los resultados negativos de la encuesta Gallup en seguridad: el 62% desaprueba la forma como el presidente está manejando el orden público y el 55% cree que la situación con la guerrilla está empeorando. Una riesgosa ofensiva propagandística sobre las operaciones contra Alfonso Cano que empezó el propio presidente Santos con erráticos twitters sobre la suerte del jefe guerrillero y que, como si no existiera el titular de la Defensa, continuaron el comandante de las Fuerzas Militares, almirante Édgar Cely, con entrevista de María Isabel Rueda en El Tiempo y viaje a la zona de operaciones, y el director de la Policía, general Óscar Naranjo, con entrevista en simultánea en Caracol Radio, el Canal Caracol y El Espectador.

Días antes, Rivera se había situado en off side con su desatinada invitación a Uribe para que convocara al país a rodear a las Fuerzas Militares. Fue insinuar que Santos lo necesitaba de muleta. Error descomunal cuando el expresidente y su corte de manos negras atizan la hoguera desde la sombra o desde sus tribunas en los medios a sabiendas de que la seguridad es el talón de Aquiles del Gobierno. Y es el ministro quien, justa o injustamente, paga todos los platos rotos: la imagen positiva del presidente no sufre mella (67%), la del general Naranjo es del 75% y la de las Fuerzas Militares el 76%, mientras que la suya apenas llega al 22%.

Rivera no ha dado la talla en un ministerio que requiere una persona con más garra, más audaz, menos meliflua. No valen su buenas intenciones, ni los esfuerzos que ha hecho para ganarse el respeto de los militares y de la opinión, tampoco que durante su gestión hayan caído el Mono Jojoy y otros cabecillas de las Farc y de las bandas criminales, porque lo cierto es que no ha logrado cuajar ni proyectarse como un sólido ministro de Defensa. Y es que empezó chamuscado en el cargo, pues desde el momento mismo de su nombramiento llovieron críticas porque su perfil no encajaba en una cartera que parecía hecha para Germán Vargas Lleras. De hecho, Santos lo tenía destinado al Mininterior por su conocimiento del Congreso, y fue por carambola que terminó donde está: por cuenta de un berrinche de Uribe que, al enterarse de que Vargas iba para Defensa, amenazó con irse del país con el argumento de que no tendría garantías para su seguridad. El presidente no tuvo más remedio que trocar los nombramientos.

Rivera asumió con las alas recortadas en medio de un clima adverso: no tuvo ni arte ni parte en el nombramiento de la cúpula militar, tampoco en el de dos de tres viceministros y, además, Santos creó el cargo de Consejero de Seguridad con asiento en la Casa de Nariño y nombró a Sergio Jaramillo, uno de sus exviceministros, para manejar la política de consolidación, uno de los pilares de la estrategia de seguridad. Para colmo de males, a los pocos meses de asumir el cargo y pese a ser la única cuota de Uribe en el gabinete, empezó a recibir ataques de las tropas uribistas: el presidente del Congreso, Armando Benedetti, le pidió hacerse a un lado, y la cúpula azul lo atacó por falta de gerencia y pobres resultados. Para colmo de males, hizo carrera que carecía de don de mando y de carácter para tomar decisiones.

Difícil que un presidente entregue cabezas a la galería, pero ¿puede Santos darse el lujo de sostener a Rivera cuando parece existir consenso en que no es el hombre para el cargo? Creo que no y que el ministro camina hacia la hoguera.

 

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