Por: Alvaro Forero Tascón

Campaña presidencial: opinión vs. maquinaria

UNA TENDENCIA INESPERADA PArece estar empezando a cuajar en la campaña presidencial: la del voto de opinión contra las maquinarias. Esa es la única explicación para que Sergio Fajardo, sin el apoyo de un solo parlamentario, esté prácticamente igualando en las encuestas a Juan Manuel Santos, principal beneficiario de la aplanadora uribista.

Según el último Gallup Poll, si las elecciones fueran ahora, a la primera vuelta llegarían Santos con el 36% y Fajardo con el 31%, lo que es una distancia muy escasa para Santos, porque los votantes de Carlos Gaviria (10%) y de Germán Vargas Lleras (9%) seguramente estarían más inclinados a votar por Fajardo en la segunda vuelta. La explicación de una situación tan precaria para las huestes del Presidente, es lo que Álvaro Uribe intuía y que lo ha hecho prolongar el suplicio del referendo reeleccionista en busca de tiempo para arreglar la situación: que sólo él es capaz de combinar el apoyo de la maquinaria y la franja, y que su intento por atajar a Germán Vargas puede devolvérsele dividiendo el uribismo.

El fenómeno electoral de Álvaro Uribe ha sido tan contundente porque la coyuntura histórica le permitió captar el apoyo de los conservadores, los sectores liberales que rechazaban el serpo-samperismo y la franja independiente de las principales ciudades. Hoy no es posible mantener unida esa coalición tan heterogénea, porque la seguridad dejó de ser una causa apremiante, porque hay una competencia más fuerte a la que tuvo Uribe con Serpa y Carlos Gaviria, pero sobre todo, porque el uribismo cerró filas con una clase política sumida en la criminalidad y el desprestigio. Sin el factor aglutinante del miedo a la violencia, Santos no tiene cómo interpretar simultáneamente a los sectores retardatarios del clientelismo y a las masas urbanas independientes.

Pero en política no bastan los vientos históricos favorables, se requiere interpretarlos bien estratégicamente. Los buenos resultados de Fajardo en las encuestas son producto de que parece haber entendido acertadamente la compleja coyuntura actual. Tomó tres decisiones consistentes con su concepción de la política y contrarias a las de sus competidores, que están multiplicando el capital político que acumuló como alcalde: arrancar primero, no transar con la clase política y no hacer antiuribismo.

Aún es pronto para determinar la dinámica definitiva de la campaña, especialmente porque la sombra de la reelección presidencial mantiene distorsionado el mapa político. Y la encuesta Gallup está circunscrita a las cuatro ciudades más grandes, lo que puede generar un sesgo urbano a favor de Fajardo que otras encuestas no reflejan. Pero no hay duda de que se está empezando a configurar un fenómeno electoral decisivo: que los sectores independientes y las clientelas políticas están partiendo cobijas, luego de compartir lecho matrimonial en favor de Álvaro Uribe.

En medio de la peor crisis de la clase política en su historia, esa era una tendencia política relativamente fácil de prever. Pero los árboles no dejan ver el bosque y el presidente Uribe atravesó uno grande y frondoso: la supuesta reelección. Fajardo se empinó y ahí están los resultados.

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