Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Campesinos del siglo 21: bosque y agua

Colombia tiene gran fragilidad frente al cambio climático, pero como fortaleza, más del 50 % de su territorio está cubierto por bosque.

La región de Sumapaz, más específicamente la Zona de Reserva Campesina (ZRC) de Cabrera, en Cundinamarca, es un territorio muy interesante en relación con los desafíos que tenemos que asumir frente al cambio climático.

En días recientes, en compañía de una de mis hijas, mi nieta y el botánico Eduardo Calderón, recorrí parte de la zona. Mientras ellos recolectaban semillas de árboles en extinción, yo observaba lo que está pasando en la ZRC. Las ZRC fueron concebidas como instrumento para frenar la expansión de la frontera agrícola, garantizar la permanencia del campesino en las tierras adjudicadas y mejorar sus condiciones de vida.

En la parte baja de la ZRC de Cabrera predominan los pastos y la deforestación llega hasta la orilla del río Sumapaz y sus quebradas afluentes. En la parte media hay una consolidada y próspera producción campesina de tomate de árbol, alverja, lulo, granadillas y pastos para ganado. Coexisten propiedades que conservan bordes de quebradas y manchas de bosque en zonas de alta pendiente, con otras totalmente deforestadas. En la parte alta hay una zona bastante bien conservada donde hay propiedades de la CAR y reservas naturales de la sociedad civil.

Un programa de pago por servicios ambientales (PSA) y un proyecto para la conservación del oso dé anteojos que está apoyando la CAR han generado gran controversia. Mientras en la parte alta de la ZRC algunos campesinos y propietarios gestionan compensaciones por los bosques y el agua que conservan, para algunas organizaciones campesinas el PSA es una amenaza, pues puede afectar la autonomía campesina frente al manejo de su territorio, incluido el autoabastecimiento de alimentos. Para muchos campesinos, tumbar monte es la mejor opción para tener más cultivos y ganado. Este es un pensamiento promovido desde el Estado, que por décadas exigió al colono que tuviese deforestadas por lo menos las dos terceras partes del predio que pretendía obtener mediante adjudicación. La conservación no se consideraba condición para el uso productivo del espacio.

La disyuntiva entre conservación y producción debe desaparecer. Conservar el páramo, el bosque nublado y los bosques alrededor de los cursos de agua, contribuye a regular clima y aguas, garantizando condiciones para la agricultura. En las fincas dedicadas a ganadería y cultivos es necesario conservar y recuperar los cursos de agua, tierra sin agua no produce y vale menos. Combinar producción y conservación es esencial para que la agricultura sea sostenible y el campesinado pueda prosperar.

La cultura agraria de la deforestación hoy no es sostenible. El bosque, antes despreciado, es hoy en algunos lugares de la cuenca del río Sumapaz la mejor opción de uso del territorio. Con o sin PSA, la conservación de ríos y quebradas es una herramienta para adaptarnos a los climas extremos. La ZRC de Cabrera tiene un gran potencial para un desarrollo agrario sostenible; además, por su cercanía con Bogotá, los campesinos cuentan con un escenario idóneo para desarrollar agro y ecoturismo en sus propios predios.

@Juparus

 

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