Por: Enrique Aparicio

Campos de flores en arenas movedizas: Cita para una consulta… continuación

 De la novela “Campos de flores en arenas movedizas”.

—Trataré de ser objetivo. El Nene, mi único hijo, es adicto al golf y a ayudar en nada en los negocios de su padre. La nuera no es problema, al contrario, es más bien un personaje invisible. No la veo nunca y tengo entendido que ellos escasamente se encuentran para desayunar y comer. Sin hijos, los une un perro labrador con más madurez y claridad mental que la pareja. Como seguramente recordarás, Alicia y yo manejamos pésimo nuestro divorcio. Todo el mundo trató de meterse. El Nene estaba en plena adolescencia y lo afectó mucho, no lo entendió. Aunque no se atreve a decírmelo, me culpa de todo. Es un hombre inteligente, que podría tener una participación importante en mis negocios, pero colabora con un desgano enorme. Busca cualquier pretexto para no permanecer en la oficina. 

—Primero que todo, no conozco el manual, libro o historia cuyo título sea Cómo divorciarse y disfrutar. Los padres metemos tanto la pata que damos pena. Y segundo, peor si en el proceso se abre el tema de quién es el verdadero culpable. Si se va más allá y se opta por hacer partícipes a los hijos de la pelea estilo coliseo romano, donde los espectadores son los jóvenes de la familia y los padres los gladiadores, se ven horrendas carnicerías emocionales. En cualquier caso, recomiendo que busquen ayuda externa, siempre que ambos estén de acuerdo en hacer terapia.

—Lo entiendo. Te propongo un nuevo almuerzo, pero esta vez en mi apartamento. Puedo preparar unos espárragos gratinados como entrada y un steak a la pimienta que son una maravilla, y continuamos hablando sobre estos dos.

—Esto suena más a seducción que a almuerzo de trabajo.

—Nooo, qué va. Hace poco redecoré el penthouse. Cambió bastante desde la última vez que estuviste ahí con un montón de gente. Te va a gustar.

—Suena atractiva la idea. Déjame ver la agenda. Tenemos el viaje a Miami. Apenas regrese te envío un mensaje para acordar el día.

Jorge vivía en el norte de la ciudad, en uno de esos edificios grandes que dan contra los cerros, con una vista espectacular. La verdad, ambos lo sabían, no sonaba a seducción, era una seducción.

Aeropuerto vía a Miami

Como todos los años, las idas a Miami llevaban el mismo sello, los mismos pasos. Por lo menos tres horas antes en el aeropuerto El Dorado, los interrogatorios idiotas de la línea aérea que, por orden de su empresa de seguros, se obligaba a contratar una serie de jóvenes para hacer preguntas galácticas a los pasajeros.

—¿Va para Miami?

—Sí, señor.

—¿Empacó usted todo su equipaje?

—Sí, señor.

—¿Qué hace?

—Soy cultivador.

—¡Ajá! ¿Y qué cultiva?

—Flores.

—¿Qué otra cosa hace en Colombia?

—Trabajar como un animal.

—¿Quién lo acompaña a Miami?

—Eso no es de su competencia, pero, si quiere saber, mi familia.

—¿Incluye a su señora?

—Pregúntele a la mujer que está a mi lado.

Con ojos fijos:

—¿Cuánto efectivo lleva?

—Verá usted, muy poco, unos 200 dólares.

—¡Ajá! ¿Y con qué va a vivir en Miami?

—A usted qué le importa.

—Papi, por favor, tranquilízate —le dijo Pilar.

—¿Tiene alguna tarjeta de crédito vigente? ¿Me la puede mostrar?

—Aquí tiene.

—¿Dónde se hospedará en Miami?

—En el condominio Island and Sun, en Key Biscayne.

—Siga.

El aeropuerto de Miami cambiaba muy poco. Los policías con mirada inquisitiva en la puerta del avión buscaban a cualquier sujeto sospechoso. Para ellos todos los viajeros eran mulas. Por los altavoces se oía con acento cubanoamericano: “Bienvenidos a Miami y sus playas”. El olor del aire acondicionado, los ventanales y el sol ahí afuera eran parte de la película que se había repetido múltiples veces. Las colas en Inmigración y las caras de todos, como corderos, preguntándose lo mismo: “¿Y ahora con qué cuento me van a salir?”.

—Buenas tardes —dijo el Florista presentando los cuatro pasaportes al oficial que, ya cansado, estaba esperando a quien lo remplazaría en el turno.

Sin mirarlos a la cara solicitó que cada cual pusiera las huellas en un registro electrónico digital y se tomara una foto. Luego comenzó el interrogatorio, similar al anterior.

El calor húmedo a la salida del aeropuerto para tomar un taxi y el olor a gasolina y aceite, despedido por los automóviles, hacían una mezcla ya conocida. Miami y sus playas.

***

YouTube:

Cambiando de panorama, en alguna de las estadías en Madrid recorrí los museos más importantes para mirar la idea erótica de pintores famosos cuyas obras están en el Museo del Prado, en el Thyssen y el Reina Sofía. Realmente sorprende la delicadeza con que se toca el tema de las mujeres. En el Museo del Prado hay un cuadro muy famoso que representa el infierno con todos los vicios y el cielo, de ese gran pintor holandés: el Bosco.

https://youtu.be/-OsKkt02dVU

Que tenga un domingo amable.

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