Notas de buhardilla

Canaleros

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En Colombia existe una clase de personajes conocidos, al menos en mi tierra, como canaleros, y en otras partes como vividores o mantenidos. Son esos tipejos que hacen parte de la parentela de los avivatos, que inmortalizara la pluma sabia del presidente Alberto Lleras. Se trata de oportunistas que andan al acecho de cómo aprovecharse de las cosas hasta nimias, claro, pasando también por las más significativas que prodiga en especial el servicio público.

Estoy hablando de esos diablos perfumados que aspiran llegar a los carros oficiales para hacerse notar social y públicamente, siempre acompañados de un cuerpo de seguridad que hace ruido a todas partes donde llegan porque sus escoltas abren las puertas del blindado mirando ansiosos hacia todos lados, como si fuese inminente el atentado al lagarto que acaba de descender de un vehículo, lo cual suscita la curiosidad colectiva por saber quién es ese “duro”.

En esto de los escoltas son numerosas las anécdotas. Recuerdo una parlamentaria fogosa con ínfulas de intelectual y hasta falsa pintora quien, siendo yo director del DAS —antes de que lo prostituyeran Uribe y su caterva de forajidos—, exigió que debía situar en su numeroso esquema de seguridad un carro y moto adicionales que le detuvieran el tránsito con el fin de poder llegar puntual a todas sus citas. Indignado le respondí: “Usted no necesita carro ni moto, sino un reloj”.

De esos aprovechadores está lleno este Gobierno, empezando por el propio presidente y sus cercanos familiares. No se olvide que Duque decidió, por sí y ante sí, utilizar el avión presidencial como si fuera privado para llevar a sus hijos con sus amiguitos al parque Panaca. A quienes se atrevieron a criticar con ironía ese abuso, como Daniel Samper Ospina, les cayó la furia oficial de la mano de un superintendente de Industria y Comercio como Andrés Barreto, quien no es más que un amanuense de la familia Duque sin ninguna importancia colectiva. Pero el avión presidencial también ha llevado a otros miembros de la distinguida prole a las visitas de Estado o de paseo a la Casa de Huéspedes en Cartagena, porque para eso hoy mandan.

En esa dudosa cofradía de abusadores también milita el fiscal Barbosa, quien en plena pandemia y en un puente festivo se instaló con su familia en San Andrés dizque para trabajar, cuando en realidad se fueron de vacaciones en un avión de la Policía. Tanto, que su esposa hizo abrir los almacenes de la isla para hacer unas compritas, algo que a los lugareños les hizo recordar a la famosa cónyuge del dictador Franco, la temida doña Carmen, quien abusaba de su condición de dictadora en las tiendas españolas.

Por eso no es raro que el nuevo ministro de Justicia, Wilson Ruiz, cayera tan pronto en la red de estos nuevos sobrevivientes del erario, pues sin ningún tacto y en su condición de miembro de una Comisión Disciplinaria del Fútbol —en un sector donde lo que no hay es disciplina, ni orden ni nada que se le parezca— se presentó también con sus dos hijitos, los futuros Messi o Falcao de nuestra selección, al Estadio Metropolitano de Barranquilla para honrar con su asistencia el partido Colombia vs. Venezuela.

Al ministro Ruiz lo pusieron hacer en el gobierno lo que no hicieron Duque ni Barbosa. Pedir excusas al país por el abuso en el que incurrió, del que nos quedó faltando saber cómo y cuándo se trasladó con sus vástagos a Barranquilla, o si pagó de su bolsillo los tiquetes de viaje y gastos de hotel. Nunca lo sabremos, porque este Gobierno muy pronto cooptará la Comisión de Disciplina Judicial, y ya es dueño de Procuraduría, Fiscalía, Contraloría, Registraduría y de los tenebrosos, fascistas y manzanillos defensor y vicedefensor del Pueblo. Por eso no habrá quién investigue si Ruiz hizo bien, y si la cura a ese mal son las babosas excusas que a medias ofreció. De antología este ministro cuya primera declaración pública que se le conoce, es para disculparse por lo mismo que hizo y siguen haciendo su jefe y el fiscal Barbosa. Ahí están, esos son.

Adenda. Aunque no esté reglamentada legalmente la revocatoria del mandato del presidente, es una buena señal para la democracia que se intente convocar al país en torno al propósito de que se acabe este gobierno mafioso, perseguidor y criminal de Uribe-Duque.

notasdebuhardilla@hotmail.com

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