Por: Cecilia Orozco Tascón

Canallada del procurador, desfase del fiscal

El Procurador, ladino, actúa. Entre tanto, el fiscal grita.

En un discurso desproporcionado, Montealegre urgió a sus subalternos, a los jueces y a los magistrados del país, a “salir a las calles” a protestar contra el Congreso por la reforma al “equilibrio de poderes” que se tramita allí y en desarrollo de la cual se aprobó, en un primer debate de ocho (apenas uno de ocho), la creación de una supercorte que investigaría y juzgaría a las cortes, al procurador, al contralor y al propio fiscal. El pecado de los legisladores, según la reacción del fiscal, fue que modificaron, como bien pueden hacerlo, el proyecto del Gobierno que eliminaría ese monstruo de impunidad denominado Comisión de Acusación, para sustituirlo por el nuevo órgano. A nadie le cabe en la cabeza que el texto inicial sobre un cambio de tan hondas consecuencias, como sería el de la creación de un organismo que examinaría penal y disciplinariamente la conducta de quienes componen la cúpula del Estado, no deba ser discutido antes de su aprobación final. Lo que carece de sentido democrático es que una propuesta preliminar despierte la ira de uno de los que, eventualmente, se verían afectados por la acción de la supercorte. Menor presentación tiene que el fiscal descalifique ese ejercicio llamándolo “asalto a la justicia” o que diga que se trata de una “revancha” contra la Corte Suprema por las decisiones que ha tomado en la parapolítica…”.

En primer lugar, nadie ignora que la Sala Penal de la Corte Suprema del año 2014, excepto uno o si acaso dos de sus miembros, no es la que hace siete años descubrió, combatió y castigó a los delincuentes del Legislativo que se aliaron con los paramilitares. Para cualquiera es verdad como puño que el proceso de la parapolítica es cosa del pasado. En segundo lugar, el “asalto” a la justicia y la “revancha” por descubrir ese escandaloso contubernio, vienen de las entrañas de la rama judicial: de las cortes, comandadas hoy por personajes que serían candidatos a pasar por el escrutinio de la supercorte. Y también de la Procuraduría, cuyo jefe se comporta cada vez menos como juez imparcial.

Vea usted el cruce de cables: mientras el fiscal habla de revanchismo del Congreso contra la Suprema por los parapolíticos presos, Ordóñez, el contradictor ideológico de Montealegre, revive la persecución al magistrado auxiliar Iván Velásquez, símbolo, justamente, de las investigaciones de la parapolítica. Si no lo recuerdan, la Sala Penal que hoy une al fiscal y al procurador (‘sorpresas te da la vida’) fue la que expulsó al exmagistrado después de hacerle un juicio sumario sin debido proceso, por la incomodidad que representaban sus pesquisas contra parlamentarios cercanos a ciertos togados. Fiel a su equilibrismo, el procurador sancionó hace unas horas a unos agentes de Policía del más bajo escalón, por interceptar ilegalmente las comunicaciones de Velásquez. Y enseguida, sacó de su cubilete de mago un pliego de cargos contra el exmagistrado en una investigación que inició “de oficio” (es decir, sin que nadie lo pidiera); con unas “pruebas” que consisten en cuatro recortes de prensa: una de El Tiempo en 2012, otra de RCN Radio en 2011 y dos de Vanguardia de Valledupar en 2011 (!!!); y con la disculpa de examinar informes, chismes, rumores o versiones de testigos falsos ya descalificados por la justicia. En un sancocho de explicaciones que se exponen en ese vergonzoso documento firmado por Alejandro Ordóñez, quien pidió el poder preferente para ser él mismo el investigador de Velásquez (cómo será la gana que le tiene), el procurador se muestra magnánimo para clavarle, luego, una espada dizque por ¡haber fotocopiado unos expedientes! No lo duden: Velásquez será destituido e inhabilitado de por vida. El asalto a la justicia, señor fiscal, y el revanchismo están adentro. Busque bien y lo verá claro, clarito.

 

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2014-09-30T22:13:51-05:00

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2014-09-30T22:26:38-05:00

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