Por: Columnista invitado

Canciller: usted acata pero no aplica

“Renunció embajador de Colombia en Rusia en medio de escándalo sexual”; “Renunció el embajador Carlos Urrutia por escándalo de baldíos”; “En medio de graves denuncias, renuncia embajador Freddy Padilla de León”; “Embajador de Colombia en Perú renuncia por parapolítica”; “Por investigaciones de falsas desmovilizaciones y guerrilleros, renuncia Mario Montoya a la embajada en República Dominicana”; “Por escándalo de los Nule, renunció embajador José Fernando Bautista a la embajada de Venezuela”.

Los anteriores son algunos de los titulares de prensa que hacen referencia a los escándalos de nuestros embajadores en lo que va del gobierno Santos (para el gobierno Uribe necesitaría unas 5 columnas más) y que sin duda, son una radiografía de la paupérrima y penosa política exterior que dirige la canciller María Ángela Holguín. Al primer párrafo faltó agregarle la renuncia del embajador (ratificado por este gobierno) en Reino Unido, cuñado del presidente Juan Manuel Santos, lo que da fe no solo de los escándalos sino del nepotismo que abunda en la cancillería, y  del sentido exacto de la palabra meritocracia en la carrera diplomática de Colombia.

La canciller Holguín fue motivo de admiración y orgullo en el país años atrás, ya que se le paró en la raya al expresidente Uribe y renunció a la embajada de Colombia ante la ONU en protesta por el nombramiento en esa misión de tres hijos de políticos: Gustavo Dájer Barguil (hijo del político sucreño Gustavo Dájer Chadid, quien fue promotor del referendo reeleccionista), Álvaro Londoño (hijo del político liberal del Valle Luis Fernando Londoño Capurro) y Jorge Hernán Betancur (hijastro de Mario Uribe)- en su embajada, como pago de favores por parte de Uribe (Fuente: La Silla Vacía). Otro medio contó la noticia así: “Al parecer, Holguín habría dimitido por considerar que no encontró respaldo en su petición de que no se nombraran funcionarios por razones políticas en la sede diplomática colombiana en Nueva York” y uno más: “María Ángela Holguín, embajadora de Colombia ante la ONU, renunció a su cargo esta semana por ‘diferencias de criterio’ con algunos de sus colaboradores más cercanos. En realidad, la disparidad de criterios es, sobre todo, con el Presidente de la República, que nombró en esa delegación a los hijos de cuatro dirigentes políticos que lo apoyan”.

¿Qué le pasó señora Canciller? ¿por qué no continuó en la misma línea? Y le hago estas preguntas porque como Ministra de Relaciones Exteriores no solo permite que se nombren hijos de políticos, cuestionados o no, en las misiones diplomáticas de nuestro país, sino también a personajes duramente cuestionados por la opinión publica de Colombia. ¿Por qué no renunció cuando ratificaron al cuñado del presidente como embajador en el Reino Unido? ¿por qué ha permitido que a muchas de nuestras embajadas lleguen los mejores amigos del presidente, inexpertos en política exterior? ¿por qué no se amarró los pantalones y le exigió al presidente Santos sacar de las embajadas a personajes con procesos judiciales? ¿por qué nombró a una sobrina de Juan Mesa en la embajada de Washington? ¿Dónde quedó la dignidad con la que salió de la embajada en Nueva York? Parece que lo único en común que tiene usted con aquella mujer, que alguna vez fue, es el nombre. 

En palabras de un periodista de La Silla Vacía, “parece que ahora, desde su posición actual de Canciller, no se ha molestado con que Santos haya nombrado a la mayoría de sus amigos en alguna embajada (algunos sin experiencia diplomática ni conocimientos sobre el tema bilateral más importante en juego), ni que se haya nombrado o se mantenga en embajadas a algunas personas cuestionadas por la justicia”.

En la web de la cancillería se dictan los lineamientos y requisitos para ser diplomático colombiano: “La convocatoria para elegir futuros diplomáticos colombianos es un concurso que se da por méritos y consta de tres fases: la primera, es un  examen de competencias que se realiza en nueve ciudades del país. Quienes aprueban este examen, pasan a una segunda fase en Bogotá donde hay un examen de idiomas en caso de haber acreditado un tercer idioma de uso diplomático en el momento de la inscripción,  y luego una entrevista con directivos del Ministerio de Relaciones Exteriores. Una vez se superan esas tres etapas se conforma una lista con los mejores puntajes para hacer un curso, en Bogotá, de capacitación al Ministerio, del cual se escogen los que quedan en la carrera diplomática”. Señora Canciller, con la mano en el corazón, ¿se está aplicando esta normativa? 

En conclusión, el servicio diplomático colombiano merece una reingeniería. Esta columna se queda corta para señalar las grandes falencias no solo en materia de nombramientos sino en la necesidad de tener una política de estado en vez de una política gubernamental. Prueba de esto, es la gran tragedia que vivió el país al perder 75 mil kilómetros de mar con Nicaragua, resultado, entre otras cosas, de la incompetencia de los funcionarios públicos que nos representan en el exterior. Canciller: usted acata las órdenes de este gobierno pero no aplica los principios por los que fue tan admirada alguna vez.

UNA MAS: El general Freddy Padilla de León renunció el 23 de agosto de 2013, cuatro días después de la presentación del informe del Centro Europeo para los Derechos Humanos. Según la Canciller, es una infamia que se ligue el informe con la renuncia del General. Sería bueno analizar las fechas.

@juanpbarrientos 

 

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