Por: Arturo Charria

Canciones para Nina

Lo primero que pensé es que se trataba de una lista de canciones de Nina Simone. Quizá porque vi un par de nombres en inglés y no conozco la obra de la cantante de jazz. Sin embargo, cuando volví a mirar los títulos me di cuenta de que se trataba de una antología que alguien había confeccionado para otra Nina.

La lista estaba en un cuaderno que encontré en un cubículo para investigadores de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Era un cuaderno argollado del que habían arrancado bastantes hojas, incluso quedaban rastros de papel entre los espirales, lo que me hizo pensar que ese gesto había sido torpe y sin precisión. Muchos hemos hecho eso: arrancar las hojas usadas de los cuadernos para sentir que podemos comenzar de nuevo, como si eso bastara para borrar un pasado que aún sigue ahí.

La lista de canciones estaba en las tres primeras páginas. Por la letra pensé que su autor era un hombre: tinta azul, un trazo desordenado y algunos tachones. En la izquierda estaba el nombre de la canción, en la derecha el del artista y una línea invisible dividía estos dos bloques, como si hubieran partido la hoja por la mitad para establecer un orden en el papel rayado.

La primera canción era So Long, Marianne de Leonard Cohen. La conozco bastante bien. Saqué mis audífonos del bolsillo de la chaqueta y la busqué en YouTube. Dejé que sonara mientras repasaba las otras canciones de la lista, que resultaba bastante amplia: rock indie, bandas sonoras, canciones en español, francés y portugués, incluso había un vallenato: La ley del embudo de Los Betos. Esa canción es famosa por ser una especie de himno del M-19, pues era una de las preferidas de Jaime Bateman, el mítico comandante del “eme” que anunciaba la revolución como un gran “sancocho nacional”.

Salí del cubículo con el cuaderno en la mano, miraba a las personas preguntándome si la lista le pertenecía a alguno de ellos. –Nina –dije en voz baja, tratando de buscar a la dueña de las canciones, pero ningún rostro cabía en ese nombre–. Nina –volví a decir, y de golpe sentí como si la boca se me llenara de ternura. Tenía el cuaderno a la vista por si alguien lo reconocía y podía entregárselo. Pero sabía que quería conservarlo: escuchar con calma cada una de las canciones e intentar descifrar la historia que había tras ellas, como quien resuelve un crimen y la única pista que tiene son 47 canciones.

Caminé un par de calles y entré en un café para estudiar detalladamente la lista. Busqué patrones. Mi resultado inicial fueron seis géneros musicales, cuatro idiomas y canciones de amor y de política. Mientras trabajaba en la creación de categorías y escuchaba canciones al azar, encontré, hacia la mitad del cuaderno, una cita de la novela Un beso de Dick de Fernando Molano Vargas: “Y me pongo a buscar en cada bolero pedazos de cosas que yo siento por Leonardo”.

Quedé fascinado con la nueva pista. Rápidamente busqué boleros entre la antología. Encontré dos: El contragolpe de Julio Jaramillo y Las cuarenta de Rolando Laserie. Eran canciones de desamor y la literatura entraba a ser una nueva variable en la investigación que recién comenzaba. Además, no era cualquier novela, se trataba de una obra que tiene cierto misticismo entre sus lectores, por ser una de las historias de amor más bellas escritas en la literatura colombiana.

¿Quién es Nina? ¿Quién olvidó ese cuaderno en un cubículo de la Biblioteca? ¿Está terminada la lista? ¿Son canciones que le gustaban a él o son un resumen de su relación amorosa? ¿Qué papel juega la política en esta historia? ¿La lista iba a ser entregada o solo era un método para sobrellevar una ruptura? Adjunto la antología en el siguiente link por si alguien identifica al dueño a través de estas canciones.

https://open.spotify.com/user/11129689076/playlist/3Fx3KPM1smr7HuoJmYrER8?si=H7IH4CTnT16FTxjHzkEhEw

@arturocharria

 

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