Por: Danilo Arbilla

Candidato muy peligroso

Cristina Fernández de Kirchner (CFK), actual senadora y dos veces presidenta de la República Argentina (2007-2015), procesada por la justicia en diez causas por corrupción y con cinco pedidos de prisión, se autoproclamó como candidata a la Vicepresidencia para competir en las elecciones primarias de agosto y las generales de octubre próximo.

Cristina sorprendió a todos y sumó una nueva pista al gran circo político argentino. Con su inesperada jugada quita fuerza y sostén al esquema de polarización al que apuesta el presidente Mauricio Macri para conseguir ser reelecto.

La expresidenta está a la cabeza de las encuestas que indican que en una primera vuelta le ganaría a Macri. Cuenta con los más altos porcentajes de “simpatía”, pero también con los más altos de “rechazo”. Y es precisamente en ese “rechazo” en el que confiaría el presidente para una segunda vuelta, pasando por alto que él a su vez genera un nivel de no aceptación similar al de aquella. En los hechos Cristina se sale de una de las puntas; sabe que sus seguidores la votarán para el cargo que sea y se hace menos visible al “rechazo”.

Y, por si faltara algo, CFK redondeó la fórmula y puso a la cabeza a un también más que inesperado Alberto Fernández.

¿Y quién es Alberto Fernández?

Fue un hombre muy cercano a los Kirchner, aunque en los últimos tiempos, en que incluso fue bastante crítico con Cristina, se le veía como más más alejado; nadie lo imaginaba tan allegado ni de tanta confianza como para encabezar la formula. Fue jefe de Gabinete de Ministros durante la presidencia de Néstor Kirchner (2003-2007) y siguió ocupando ese cargo por un año (2007-2008) en primer periodo presidencial de CFK.

Alberto Fernández (AF) es un hábil político. Ambicioso, inteligente —aunque no tanto como él cree— y muy arrogante. Es muy “porteño”; tiene ese estilo propio de unos pocos, pero que les afecta y les afea la imagen a todos los argentinos, injustamente.

AF rápidamente aclaró que él no era Cámpora, para aventar las especulaciones sobre que se trataba de la misma maniobra que en 1973 ensayó Perón, que estaba proscrito, para hacerse con el poder. En aquella ocasión el máximo líder puso al odontólogo Héctor J. Cámpora como candidato. Este salió electo presidente y gobernó por 49 días tras los cuales renunció habilitando una nueva elección y la vuelta de Perón.

El tiempo dirá, puede que si ganan la más sorprendida sea CFK.

Hay quienes le atribuyen a AF ser el artífice de la “grieta”, de la división de los argentinos, y además lo señalan como un militante enemigo de la libertad de expresión. En su despacho ministerial, se dice y se admite, se concretó más de una “ablande” y varios “acercamientos” de importantes figuras del periodismo argentino.

Eso lo hace muy peligroso. Durante su época, en marzo del 2005, una misión de la Sociedad Interamericana de Prensa, encabezada por el peruano Alejo Miró Quesada de El Comercio de Lima, visitó la Argentina. El propósito era investigar in situ una serie de denuncias de ataques a los medios y el periodismo a través del uso discriminatorio de la publicidad oficial. Se trata éste de uno de los más efectivos instrumentos que utilizan contra la libertad de prensa los gobiernos autoritarios, además de constituir un acto de corrupción por cuanto se usan los dineros públicos en función de fines particulares del o los mandamases de turno.

Era una época rara en Argentina. El diario Clarín era oficialista. En esa empresa “la misión” fue atendida “de parado”. En Ámbito Financiero, su director, el vehemente Julio Ramos, la acusó de desviar el tema porque el problema para la libertad de prensa no era el gobierno, sino el monopolio de Clarín.

No hubo entrevista con el presidente. Pese a que había sido acordada con la debida antelación, justo a la misma hora Néstor Kirchner tenía que retirarse de la Casa Rosada, así que saludó de pasada a los visitantes, con ese gesto “tan simpático” que lo caracterizaba. “Los dejo en manos del jefe de mi gabinete”, les dijo y al último le deseó: “Que tengan suerte”.

Es difícil precisar si la misión tuvo suerte o no. Eso sí, las cosas quedaron claras. Fernández, Alberto, no anduvo con medias vueltas, dijo que el gobierno manejaba la publicidad de acuerdo a sus criterios y conveniencia y que de ninguna manera iba a apoyar o ayudar a aquellos medios y periodistas que lo critican. “Sí —afirmó—, el gobierno discrimina entre la prensa que es amiga y la que es enemiga”. Palabras más palabras menos, fue lo que AF dijo, con su tono desafiante y “sobrador”, a la misión de la SIP.

Decididamente AF es un kirchnerista de pura cepa. En cuanto a la libertad de prensa es un candidato peligroso. Con Cristina o sin Cristina por detrás, en esa materia él solo se maneja muy bien. No necesita que lo ayuden.

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