Por: Claudia Morales

Candidatos: la seguridad debe ser su prioridad

El presidente Santos asegura que pronto firmará la paz con las Farc, pero esos afanes no han dado tiempo para resolver los interrogantes sobre lo que le espera a Colombia en términos de seguridad.

Ideas fundamentales podrían surgir de un diagnóstico histórico y, ad portas de las elecciones locales, es hora de saber cuál es el compromiso de las autoridades a todo nivel, particularmente de los alcaldes y gobernadores.

Por eso me parece importante el documento Un análisis de la criminalidad urbana en Colombia, elaborado por Daniel Mejía, de la Universidad de los Andes; Daniel Ortega, del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), y Karen Ortiz, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Esa investigación, que tiene como referencia el período entre 2003 y 2013, muestra que en América Latina y el Caribe, Colombia sigue teniendo la sexta tasa de homicidios más alta (32,3 por cada 100.000 habitantes) después de Guatemala, El Salvador, Belice, Venezuela y Honduras. Adicionalmente a eso, sustenta que “mientras muchos de los indicadores de la violencia asociados al conflicto armado, como el secuestro, atentados contra la infraestructura y ataques terroristas, han disminuido, algunos indicadores de criminalidad asociados a fenómenos más urbanos han mostrado un fuerte deterioro en los últimos años”.

A pesar de la caída de varios indicadores de criminalidad en 2014, la tasa de lesiones personales en Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, ciudades en las que se concentra el estudio, tuvo un aumento del 260% entre 2003 y 2013. En el mismo período, las tasas de hurto a personas y residencias aumentaron en 146% y 48% respectivamente. Un aporte valioso de esta investigación es que analizó los datos al nivel geográfico más pequeño posible: “el segmento de vía”, con lo cual pudo identificar los puntos calientes de criminalidad con mayor precisión.

Por ejemplo: en Cali, “el 50% de todos los homicidios entre 2012 y 2013 ocurrieron en 635 de los 49.658 segmentos de vías que hay en esa ciudad”. Los autores del documento también revisaron el comportamiento criminal por horas y días y encontraron que los crímenes violentos ocurren los fines de semana y días festivos, especialmente el domingo. Los crímenes contra la propiedad ocurren entre semana y en horas del día. Los hurtos a vehículos y a personas se mantienen estables entre lunes y sábado, con un repunte a mitad de semana.

La investigación tiene 61 páginas y son muchas las cifras que por espacio no es posible mencionar. Lo importante es que deja evidencia de la enorme corresponsabilidad que hay entre la sociedad y las autoridades para mitigar la criminalidad urbana, y la falta de políticas coherentes y libres de escándalos coyunturales e ideológicos. Daniel Mejía, uno de los autores, me explicó: “Asociar los temas de seguridad ciudadana con posturas y políticas ‘de derecha’ es un gran error. La carga y los costos del crimen, como lo demuestra el trabajo, recaen desproporcionalmente sobre la población más pobre”. Agregó: “La labor de la Policía se ve muy afectada cuando no tiene el respaldo de los mandatarios locales que, guiados por argumentos políticos, deciden no apoyarla”.

Este es un llamado de atención que tiene relevancia de cara al posconflicto. Muy bueno firmar con las Farc, pero ¿qué están planteando el presidente, los candidatos a las alcaldías y gobernaciones sobre el crimen urbano? ¿Les interesará esta investigación?

 

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