Por: Julio César Londoño

Candidatos: mejor imposible

Lo confieso sin pudor, me gustan todos los candidatos. Iván Duque Márquez tiene títulos de tres universidades estadounidenses, fue consejero del BID y asesor de la ONU, es coautor de un libro sobre economía naranja y representa el ala moderada del Centro Democrático. Si es presidente, no tendrá que soportar la feroz oposición de Uribe, solo sus regaños, y el país descansará de esta patria boba que lleva ocho años debatiéndose entre el neoliberalismo paisa y el neoliberalismo cachaco. Uribe es la fuerza de Duque… y el lastre que lo hundirá.

(Nota paradojal: en el 81, cuando era gobernador de Antioquia, Iván Duque Escobar, padre del candidato, denunció que el director del Departamento de Aeronáutica Civil, Álvaro Uribe, estaba firmando alegremente licencias de pistas de aterrizaje a narcotraficantes de hondo calado).

Sergio Fajardo ha hecho un buen trabajo como alcalde y como gobernador, conoce el tema central, la educación, y es un gran vendedor: de ser la meca suramericana del narcotráfico, hoy Medellín es percibida como una ciudad moderna que se reinventa día a día.

Para muchos, su mesura es una debilidad de carácter. Para otros, una virtud necesaria para despolarizar el país y presidir un periodo de transición. Pese a su figura, le falta seducción. No dice nada y lo poco que ha propuesto con claridad, el aumento de la edad de jubilación, cayó como una patada ahí. Sus escuderos, Robledo y Claudia, no muestran mucho entusiasmo. Un sector del Partido Verde ya empieza a mirar hacia las toldas progresistas.

De la Calle, el último caballero de la política colombiana, es el único con talla de estadista en la baraja. Conoce la fauna política y la declinación más digna del verbo renunciar. Sería el mejor garante del posconflicto, el gran desafío nacional. Como no hay una sola mancha en su currículo, sus detractores gritan horrorizados, ¡es liberal! Lo acompaña Clara López, una aristócrata con cerebro intelectual y corazón obrero.

Marta Lucía Ramírez tiene toda la experiencia ejecutiva del mundo. Cuando los gramáticos del futuro les pongan las comas a sus discursos, descubriremos que tenía razón. Su posición en las encuestas desvela al patriarcado nacional. Su principal aliado es el miedo. Es posible que gane la consulta del Centro Democrático por el miedo que despierta el fantasma paramilitar. Si llega a la segunda vuelta puede triunfar por el miedo que despierta Petro.

Sería muy oportuno tener una mujer en la Presidencia en estos tiempos “de género”. Estoy seguro de que no podrá, aunque quisiera, hacerlo peor que los 59 varones que la han precedido.

Vargas es magnífico. Inteligente. Político hasta la médula. Taimado. Imbatible en los debates. Conoce como nadie el país, pero tiene un defecto radical: el estilo Vargas, ese que es capaz de venderle el alma al diablo por el poder y arrojar billones de pesos al año por el agujero negro de la corrupción. Vargas es capaz de todo… excepto de combatir nuestro problema número uno.

A Petro le sobra lo que les falta a los demás: sensibilidad, imaginación, sueños. Sus propuestas catastrales contra los latifundios improductivos son mejores que las de López Pumarejo y Lleras Restrepo. Sus propuestas contra la minería meramente extractiva coinciden punto por punto con los estándares mineros de los países desarrollados. Sabe más de ecología que todos los “verdes” juntos. Sus propuestas sobre salud y educación son un bello delirio.

Por desgracia, apenas ahora se entera de que el régimen venezolano es una mierda. Esta miopía le costará la Presidencia de la República.

 

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