Por: Humberto de la Calle

Candidatos transversales

He sido renuente a cantar el voto en esta columna. Primero, por respeto al lector. Segundo, porque a nadie le interesa qué diablos va a hacer uno.

Y tercero, porque, en un esfuerzo de objetividad, es preferible no contaminar los análisis. Pero tampoco quiero caer en la tibieza y, por esa simple razón, digo que votaré por Peñalosa. Es el más experimentado y no estamos para improvisar. Tiene un profundo acento igualitario. Comprende que la acción del Estado para lograr la equidad debe ir a lo estructural y no a la palabrería y el paternalismo. Igual votaría por Gina, Luna, Galán y Castro. Petro es más apto en el manejo de grandes temas de política nacional.

Superado ese punto, a estas alturas prefiero mirar un poco los intestinos de la elección en Bogotá. Me baso en encuestas, en especial la de Gallup, difundida hace sólo tres días.

La izquierda pesa en Bogotá más que en el resto del país. Pero no hay lucha de clases. Petro recibe el 21,9% de sus votos de los estratos 4-5-6. ¿Miopía o reconciliación? Les gana a todos en el estrato 3, que es muy poderoso. Es más grande que los 4-5-6 y vota más que 1-2. La otra cara de la moneda: Peñalosa recibe el 15,5% de votos de estratos 1-2, menos que Petro, pero no hay polarización. Gina tiene mejor desempeño en estratos altos, pero muestra cierto equilibrio.

Los partidos no importan. Si los candidatos son relativamente transversales en cuanto a estratos, lo son de manera evidente frente a sus partidos. Todos comen de todos. El Verde se diluyó. Se dividió casi por terceras partes entre los tres punteros. Y el Liberal en cuatro partes entre Petro, Peñalosa, Luna y Galán. El Conservador sigue a Gina en su mayoría, pero también aporta a todos. El más “disciplinado” en su indisciplina es el Polo. Abandonó a Aurelio, pero se trasteó casi por entero a Petro. La dirigencia oficial del Polo no alcanzó a percibir el desastre que se venía. Y Petro se movió a tiempo.

Esta es una pelea de negativos. Hasta Gina ha aumentado su imagen negativa, que ahora se sitúa en el 33%. El más popular es Galán.

El admirado Lorenzo Madrigal ha dado en el clavo: este debería ser un escenario propicio para alianzas. Si en la revolución mejicana se decía que “el que se mueve no sale en la foto”, en la política colombiana actual es indiscutible que “el que se mueve pierde la financiación estatal”. Reglamentaciones hechas con las mejores intenciones terminan amarrando la política.

Detrás del escenario, una figura sigue muy activa en la política colombiana: Álvaro Uribe. Al caer la tarde sabremos cómo le fue, pero juega en Bogotá, el Valle, Antioquia, Caldas, Santander. Aún es un misterio si su apoyo a Peñalosa lo quebró o le convino.

Esta es una campaña de gestos y personalidades. La gente no alcanza a percibir diferencias dramáticas en los programas. Como vimos, los partidos no importan. López perdió con Betancur por el “no se puede”. Preocupa que los ataques a Petro con este mismo estribillo caigan en el vacío. Es lenguaje para la clase alta. Las elecciones, lamentablemente, no son cátedras universitarias sino espacio para las ilusiones.

La política espectáculo se afinca. Los partidos no se reponen.

 

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