Por: Óscar Sevillano

Candidaturas por firmas, una burla a la democracia

La aprobación del proyecto de reforma política quedará coja, un poco más de lo que está, si no contempla la posibilidad de meter en cintura las campañas políticas que se llevan a cabo a través de la recolección de firmas, las mismas que hoy se han convertido en una verdadera burla a la democracia.

En el año 2003 se discutió y se aprobó el proyecto de reforma política de iniciativa del Gobierno de Álvaro Uribe, que buscaba acabar con la proliferación de partidos y movimientos de garaje que en ese momento se encontraban en más de 60, a través de la exigencia de un número mínimo de votos en las elecciones para mantener la personería jurídica, pero como siempre en Colombia se busca el boquete para hacerle el quite a la norma, y en este caso las candidaturas a partir de firmas ciudadanas sirvieron como fórmula de escape para seguir creando estas “microempresas electorales”.

En  ese entonces los organismos que desde la ciudadanía hacen veeduría electoral advirtieron que esta proliferación de partidos y movimientos de garaje iba a continuar a través de esta figura. Como era de esperarse, nadie prestó atención a este asunto, al punto en que solo hasta hoy, cuando existen más de 30 aspiraciones presidenciales, la mayoría bajo esta modalidad, se han dado cuenta de que algo hizo falta.

Si no se aprovecha la discusión del proyecto de reforma política para poner este tema en cintura, el paseo de políticos en su mayoría de tradición, quienes por conveniencia personal deciden no aspirar por el partido o movimiento bajo el cual siempre se han identificado y salir a la calle a recoger firmas para bajo esta figura declararse “independientes”, va a continuar, lo mismo que las aspiraciones de personas a las que nunca se les ha visto en discusiones políticas.

Me cuesta creer que ni el Gobierno Nacional ni los congresistas se den cuenta de que este problema se empieza a salir de las manos y si se deja a avanzar, será mucho más difícil ponerlo en cintura.

La idea de una candidatura por firmas es que represente independencia de la política tradicional. ¿Cuál es la independencia que representan las aspiraciones de Germán Vargas Lleras, Piedad Córdoba, Marta Lucía Ramírez, Gustavo Petro o Alejandro Ordóñez, por ejemplo, si son personas que se han hecho políticamente bajo el sistema que tanto se critica desde la opinión pública, que conocen los vicios de la gobernabilidad en Colombia y en algún momento de su vida los han ejercido y compartido?

¿Quién me asegura que las personas que firmaron para apoyar la candidatura de Petro no son las mismas que respaldaron la de Alejandro Ordóñez, Marta Lucía Ramírez, Piedad Córdoba, Jairo Clopatofsky, etc.?

Lo lógico es que la revisión que se hace para darle aprobación a una candidatura por firmas no debería limitarse a contar el número de estas, ni a verificar si los datos coinciden con los de las cédulas de las personas, sino que además se constate que estas no se encuentren militando en otros partidos o movimientos políticos y que, además, su nombre no esté respaldando la de otra aspiración que se haga bajo la misma figura.

Para esto es necesario que los partidos y movimientos entreguen las bases de datos de sus afiliados a los organismos electorales, cosa difícil, porque dudo que en la mayoría de estos sus registros superen los dos millones, lo cual sería una total vergüenza, entre otras porque pondría en evidencia que no cuentan con una militancia sólida.

Los únicos que podrían tener un número de militantes superior a los dos millones son el Partido Liberal, el Partido Conservador y el Polo Democrático, y vaya uno a saber si la mitad de sus nombres actualmente no se encuentren en los registros de Cambio Radical, La U, Alianza Verde, Opción Ciudadana, etc., que es lo que se evitaría si electoralmente se da un mejor y mayor orden a todo esto.

Insisto una vez más, si Colombia no aprovecha este momento para darle una mejor y mayor organización a todo su aparato electoral y no pone en cintura las aspiraciones mediante firmas, seguiremos observando esta pasarela de candidatos que saltan de un lugar a otro, junto con nombres de personas de las que jamás se ha sabido y que dudo puedan tener algún conocimiento sobre el manejo del Estado, aspirando a diferentes cargos según su conveniencia.

@sevillanojarami

 

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