Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Cantando el voto

SE LLEGÓ POR FIN EL DÍA DE LAS ANheladas elecciones y es muy probable que muchos no sepan aún por quién votar para Senado, Cámara, consultas internas del Partido Verde o el Conservador y hasta por el esperpento del Parlamento Andino.

El aniquilamiento de los partidos, la multitud de aspirantes, la propaganda necia o bobalicona han contribuido para que las gentes tengan dudas, cuando no miedo de expresarse en las urnas.

Mientras en Bogotá podremos sufragar en paz, en muchas regiones no ocurrirá lo mismo. Amenazas o tentaciones se ciernen sobre los electores de la mal llamada provincia, desde la pesada injerencia de gobernadores y alcaldes inescrupulosos, hasta la indebida recompensa pecuniaria, pasando desde luego por el miedo comprensible ante la hostilidad que todavía son capaces de ejercer ciertos señorones principales de la politiquería local.

Mañana lunes el país no será igual. Cuando nos levantemos, vamos a empezar a comprender la dimensión de lo que está por pasar este domingo. Saldrán triunfantes políticos cuestionados, que no representan ideología diferente que la del dinero fácil y la corrupción rampante. Eso será posible gracias al embeleco de dividir la nación entre quienes adoran a Uribe y quienes lo conocen o le temen.

En lo personal he delineado criterios sobre por quién no votar. Por ejemplo, no hay que hacerlo por hijos de la parapolítica ni del narcotráfico, o por Moreno de Caro. También creo que ningún liberal debería apoyar a uno solo de los senadores del partido que eligieron a Alejandro Ordóñez Maldonado como Procurador. Lo mismo debería ocurrir con la militancia del Polo Democrático. ¿Por qué razón premiaron a tan siniestro personaje? Como no pudo ser un motivo ideológico sino burocrático, lo sensato es que hoy los liberales y los “polistas” les cobren a sus senadores la traición a sus ideas y el inmenso daño que le han causado a la institucionalidad, por el cual al menos deberían pedirles perdón a sus electores.

Tampoco votaría por uno solo de los secuestrados que recobraron recientemente su libertad, porque aunque sigo siendo solidario con sus dramas personales, por esa misma razón considero que esa sola condición no debería convertirlos en “Padres de la Patria”. La decisión de por quién votar debe despojarse de conmiseraciones o pesares, y esto último es lo que parece que sucederá con muchos de los votos por los liberados de las Farc. La idea es convencer a las gentes con programas, no  conmoverlas con pesares.

En lo personal voy a votar para Senado por el liberal Felipe Zuleta Lleras, porque lo conozco desde los bancos del Externado, cuando él era un aventajado alumno y yo un inexperto profesor. Han pasado 25 años y desde entonces tengo certeza de su patriotismo, competencia y pulcritud.

La presencia de Felipe en esta jornada la ha hecho diferente, empezando por su genial aviso fúnebre del pasado jueves en el diario de los Santos, cuando anunció su muerte “para las páginas de El Tiempo que impuso censura durante su campaña”. Pero sobre todo, porque hace mucho tiempo no había una clara opción de voto de opinión, y porque es al único aspirante a Congreso que se le ha oído un discurso radical contra la corrupción. No en vano Zuleta Lleras fue educado en la filosofía que trazara para las futuras generaciones la pluma de su abuelo, Alberto Lleras, con páginas llenas de talento y sabiduría, como aquella en la que describió a los avivatos de su tiempo, iguales a los de hoy.

Y para la Cámara de Representantes votaré por Germán Navas Talero, del Polo Democrático, porque me convencieron su independencia y valor civil. El país le debe mucho a este quijote de la política, que ha rescatado el sentido de la decencia y la fuerza inatajable de las convicciones.

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Adenda. Es tan grave la corrupción en el escándalo de Agro Ingreso Seguro, que el Departamento de Estado americano puso también el grito en el cielo. Ahora dirán que allá son antiuribistas.

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