Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria

Caos en la ciudad

EL GOBIERNO DE SAMUEL MORENO ha apostado por la movilidad como su proyecto bandera: el metro, el sistema integrado de transporte e inversiones en infraestructura vial hacen parte de sus propuestas y éstas, efectivamente, son necesarias para ordenar y mejorar la calidad de vida y la movilidad de los ciudadanos.

Y aunque el metro es un proyecto necesario para la ciudad y complementario de otros sistemas de transporte —entre ellos Transmilenio—, se ha visto rezagado por falta de recursos y contrapartidas nacionales para su desarrollo, al igual que ha ocurrido con la decisión política de realizar el Transmilenio por la séptima, por donde se había planteado inicialmente llevarlo a cabo.

El Transmilenio por la séptima congestionará más la ciudad, pues reduce las vías para la circulación y no elimina, como ya se ha visto, otros sistemas como los buses que pretende substituir; a ello hay que agregarle la congestión de carros públicos más los privados, que vuelven muy lento y pesado el tráfico.

Al caos de las escasas vías y los numerosos carros se suman las obras públicas, bien sea aquellas que se realizan para el mantenimiento y mejoramiento de las actuales vías o bien para los nuevos proyectos como el Transmilenio de la calle 26. Si bien el desarrollo de estas obras es bueno para la modernización de la ciudad, al igual que son un motor de desarrollo promoviendo la economía local y generando empleo, deben y tendrían que hacerse de manera ordenada, planificada y programada.

Hoy la ciudad está hecha un caos: los trancones y los tiempos de movilización son eternos. Existen obras en toda la ciudad y cada día se abren más frentes de trabajo, sin que se vea un claro avance ni se tenga noticia cierta de la fecha de entrega de las mismas. Generalmente, además, al transitar por lugares cercanos a algunas de esas obras se aprecian vacías, sin obreros ni máquinas, lo que hace preguntarse por qué no terminan una para empezar otra, o por qué no se contrata con tiempos predeterminados, con mayores controles e interventorías y con incentivos por rapidez de entrega en las obras. ¿Qué pasa entonces con las obras, por qué no avanzan? Tuve la experiencia del arreglo de una cuadra que transitaba diariamente, cuya reparación duró más de siete meses; ¿cuánto podrán entonces durar todas las obras de la ciudad?

En Bogotá definitivamente la ejecución de las obras públicas dura más que en otras ciudades del mundo y probablemente cuestan más. ¿Será entonces que hay algo más en el afán de asignar contratos y ejecutarlos?

 

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