Por: Cartas de los lectores

Caótico

No cabe duda de que el deporte en cualquier parte del mundo es una de las actividades que muestra el nivel de desarrollo y la cultura de las sociedades.

En Estados Unidos ir a un escenario deportivo —estadio— a ver a su equipo favorito, ya sea de baloncesto, fútbol americano o béisbol, es todo un ritual. Prima el orden, el respeto y la armonía. En Europa el fútbol es quizás el deporte que más pasiones despierta y salvo contadas excepciones hay toda una serie de protocolos en los medios y en los estadios que generan un ambiente especial de orgullo y sentido de pertenencia por el equipo amado.

En Colombia, el fútbol se ha convertido en un deporte que refleja claramente a una sociedad enferma y en decadencia. Desde 1998 la selección Colombia de mayores no participa en un Mundial y a lo largo de la historia sólo hemos participado en cuatro certámenes globales.

En nuestro país los equipos de fútbol pasaron de la ostentación y el dinero por montones de la época del narcotráfico a necesitar de la ayuda del Gobierno para mantener vivo un negocio quebrado. No se percibe una responsabilidad ética ni administrativa de la dirigencia del fútbol. Son intocables.

En los estadios prima la soledad y la violencia. Es muy común observar en las entradas a personas alicoradas y drogadas que en muchas ocasiones pasan los deficientes filtros de las autoridades. En otros casos se incautan armas blancas por montones. Hinchas que van a descargar toda su ira y resentimiento con el mundo a los escenarios deportivos. No respetan los protocolos cuando suena el Himno Nacional, y muchos hinchas —generalmente de las tribunas más populares— se dedican a agredir a los jugadores y árbitros tirando a la cancha botellas, palos y otros elementos.

El fútbol colombiano está enfermo y en cuidados intensivos. Mientras no se exija un cambio en la dirigencia deportiva, responsable de la debacle que estamos viviendo, no va a pasar nada. La Dimayor y la Federación Colombiana de Fútbol deben renovarse. Los Jesurún y Bedoya deben retirarse. Por lo menos que muestren vergüenza por los últimos resultados de nuestras selecciones y del campeonato local.

Por último, los hinchas deben reconocer a los estadios como escenarios sagrados donde prime la alegría, la camaradería y la seguridad. Hay que recurrir al autocontrol y a la prevención y denunciar el comportamiento criminal de muchos hinchas que pretenden al igual que la dirigencia acabar con la fiesta del fútbol.

 Carlos Andrés Hernández.

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