Por: Juan Esteban Constain

A capela

Se acaba de morir en Nueva York, a los 94 años, Lester William Polsfuss, un hombre que influyó de manera fundamental en la cultura moderna , tanto como los filósofos o los inventores del siglo XVIII.

Y su ejemplo es aún más meritorio, si se tiene en cuenta que Les Paul, como también se hacía llamar, no concibió aerostatos ni metafísicas ni guillotinas, sino sólo una guitarra eléctrica.

Y qué guitarra. No sé (ni me importa) cuál sea el símbolo del siglo XX; cada quien que escoja su escarabajo, y su runa escrita bajo la piedra. Pero me resulta  absurdo pensar en nuestra época, sin la presencia de Keith Richards o Syd Barrett, sin la de Eric Burdon o Rod Argent o Eric Clapton, o sin la voz ruinosa de Bob Dylan y los acordes de Chuck Berry. Sin el Rock o sin el Blues, sin el Country, y el Gospel, y el Rockabilly y el Soul, y el Beat de las bandas británicas que nacieron entre el Mersey y el Támesis. Pero sobre todo sin el Rock and Roll, que es todas esas cosas a la vez más la poesía de Rimbaud y las huellas de Robert Johnson en el cruce de caminos, y acaso también el diccionario del Doctor Johnson y el Paraíso recobrado.

Pero nada de eso habría sido posible sin la guitarra que inventó Les Paul (luego de varios intentos desde 1939), con el cuerpo macizo y los micrófonos P-90; el baño de la madera difuminándose hacia las cuerdas, y el mástil de palo de rosa con las señas nacaradas. Y tengo toda la autoridad para hablar del tema, pues pertenezco a una religión completamente opuesta a la de los seguidores del maestro: la de la Fender Telecaster.  Pero ser orleanista no me nubla el corazón, y hoy que ha muerto el viejo quiero rendirle este homenaje desde la otra orilla.

Harto de tocar  Jazz en los viejos modelos acústicos Martin, Les Paul   se obsesionó con una guitarra que pudiera tener el cuerpo entero y un micrófono para amplificar el sonido con agudeza. Ya Rickenbacker y Leo Fender habían empezado la tarea, pero las obsesiones de los músicos suelen no escuchar razones. Así nació, de la mano del Jazz tocado por un blanco, la guitarra más importante del Rock y del siglo XX.

Les Paul murió la semana en que se cumplen los 40 años de Woodstock, ese concierto de amigos en la granja de un judío.

 

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