Carlos Castilla del Pino, in memóriam

No queremos la muerte y lo decimos, y la vida se acaba y lo decimos también, porque hemos comido lengua y hablar nos gusta, hablar por los codos, hombro con hombro, lo necesitamos.

Carlos Castilla del Pino se exigió hablar de todo lo que debía hablar, sin engaños ni paraísos de mentira, cara a cara con la verdad, como si la verdad hubiera de ser la única bandera cierta en el mástil humano. Vestido de psiquiatra y vestido de hombre había descubierto, a través de sus viajes por el alma de los destrozados, que la enfermedad y los demonios son el iceberg que asoma entre las aguas: lo demás es la mentira. Porque las personas estaban ahí, entre la pesadilla y la prisión, y Carlos las escuchaba torturadas por la culpa de mirarse al espejo desnudas, pero vestidas de disimulo y convenciones, con prejuicios.

El tiempo pasa para todos y pasó también para él, para siempre. Hablar de él cuesta, y cuesta porque fue una voz que escuchó muchas voces, porque fue una vida que fue muchas vidas. Para decir de él hay que hablar de “verdad”, y esto sólo es posible si jugamos con su única palabra amiga: la libertad.

 Rafael Barbero García. Córdoba, España.

Desplazados, un conflicto grave

Somos muchas las personas que aplaudimos y presentamos nuestro respaldo por las gestiones de los medios de opinión, como las reflejadas en el periódico El Espectador en el editorial “Ciudadanía sin desplazados”, (21.07.2009), con motivo del aumento del desplazamiento y la miseria en Colombia...

Hoy en día podemos pensar y opinar en forma concreta que la mayor ayuda que el Gobierno Nacional y las autoridades en general pueden brindar a los desplazados es garantizarles la facilidad de volver a su terruño y a sus bienes, con plenas garantías de paz.

El creciente fenómeno del  desplazamiento no es sólo un conflicto de la capital colombiana, con el caso del parque Tercer Milenio donde habitan más de 800 personas en penosas condiciones, pues también se presenta en las ciudades de Medellín, Cali, Bucaramanga, Manizales y en las de la Costa Caribe: Barranquila, Santa Marta y Cartagena.

Es entonces gravísimo el fenómeno  del desplazamiento de cerca de cuatro millones de colombianos, situación que se presenta y afecta a la mayoría del país e incluso a naciones vecinas y, por lo tanto, coincidimos totalmente en que Colombia presenta en esta época la más lamentable y crítica situación por el creciente aumento de personas desarraigadas que deambulan por las principales ciudades del país en busca de vivienda, alimentación, salud, educación y trabajo.

 Jorge Giraldo Acevedo. Santa Marta.

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