Por: Tulio Elí Chinchilla

Carlos E. Restrepo, el republicano

LA FORMA COMO CARLOS E. RESTREpo desmintió la noticia de que había ido a saludar al presidente Rafael Reyes en gira por Medellín, es proverbial y define su carácter: pegó un aviso aclaratorio de que “Carlos E. Restrepo no ha saludado al Señor General Rafael Reyes, a quien no tiene por qué saludar”. Lo cuenta Eduardo Rodríguez Piñeres en Hechos y Comentarios (1956).

Como político, aquel intelectual medellinense —que había motivado a Tomás Carrasquilla a componer Frutos de mi tierra y publicitado a poetas ignotos—, lideró uno de los proyectos de construcción de nación más rescatables de nuestra historia: el Republicanismo, movimiento empeñado en civilizar el ejercicio del poder y sustituir por consensos la eterna guerra civil. Ojalá la sonora celebración del Bicentenario de la Independencia civil no llegue hasta eclipsar la remembranza del centenario del ensayo político republicano de 1910.

Resalta en Carlos E. Restrepo su talante conciliador, pluralista y tolerante en disputas ideológicas; su capacidad para amalgamar liberales doctrinarios con conservadores históricos y nacionalistas en la Unión Republicana y con ella desmontar la dictadura de Rafael Reyes; su influencia en la aprobación de una de las dos constituciones de consenso (“constituciones pactos”) de nuestra historia —la otra es la de 1991—, en contraste con las numerosas “cartas de batalla” que han regido.

Fue esa la postura que hizo valer ante las pretensiones clericales de un Estado confesional y de un partido católico fundado desde la Presidencia: “Soy católico, pero como Jefe Civil del Estado no puedo erigirme en sumo pontífice de ningún Credo y sólo seré el guardián de la libertad de las creencias, cualesquiera que sean, de todos los colombianos”. Prefirió el riesgo de la excomunión antes que comprometer la autonomía laica del Estado.

Con la misma firmeza apacible, carente de estridencia confrontadora, “Carlosé” resistió presiones políticas. La víspera de su posesión desafió la amenaza de impedirla militarmente al no designar a determinado ministro de Guerra. Tampoco quiso complacer el clamor ciudadano de adoptar medidas represivas contra la implacable oposición, y ello porque, según dijo, la actitud autoritaria “es la que nos ha impedido dar un solo paso hacia delante en el preciso deber de civilizarnos”; y porque “Dado que esos pasos de arbitrariedad vayan encaminados al bien común, se sabe donde se empieza, pero no donde se acaba; una medida de violencia necesita mañana dos para sostenerla y así se sigue en calamitosa proporción”. Entonces previno contra la tentación de recorrer el camino de no retorno dictatorial de Reyes: “Lo que se inició por la disolución del Congreso en 1904, tenía que culminar lógicamente en los patíbulos del Barrio Colorado”.

Todo ello ensambla de manera coherente con otras audacias y propuestas del Republicano, hoy redescubiertas por estudiosos: igualación de género, neutralidad política del Ejército y su exclusión de toda participación electoral; proscripción del papel moneda como instrumento político presidencial, pensión para los maestros de escuela y la jurisdicción contencioso-administrativa, entre otras. Lástima que al finalizar su gobierno, los pocos Republicanos cabían en una poltrona.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Tulio Elí Chinchilla

Traducciones

Lo popular y lo vulgar

Novelar y enseñar

"Qué difícil es hablar español"

"La Voz" (sin lamentaciones)