Por: Cartas de los lectores

Carlos Gaviria, el Polo y Wikileaks

Soy de quienes recibieron con júbilo la hazaña de Assange. Juzgo altamente positivo que se desvelen las mentiras de la diplomacia y de sus cómplices.

No obstante, con respecto a uno de los cables de Wikileaks, que implica al Polo Democrático Alternativo (PDA) y que fue publicado en la edición de 30 de marzo de El Espectador, debo hacer algunas precisiones en beneficio de la claridad:

I. En dieciocho años que hace que vivo en Bogotá, jamás he tenido una conversación privada con un embajador de los Estados Unidos en Colombia. He ido a la sede diplomática sólo cuando debo tramitar la renovación de mi visa o cuando he sido invitado a la conmemoración del Día de la Independencia, el 4 de julio, es decir, no he sido asiduo visitante o contertulio como parece que lo son algunos políticos.

En consecuencia las opiniones que se me atribuyen en los mensajes de esa embajada a Washington han sido expresadas públicamente y para recogerlas no se requiere de informantes.

II. Tales opiniones, que a menudo reitero, son para el caso éstas:

1. Que a alguien le imputen un delito no equivale a que lo haya cometido; por tanto, que se perciba corrupción en una gestión administrativa no es igual a que tal administración sea corrupta, pero el hecho es negativo para los funcionarios responsables y para su partido.

Yo, como presidente del Polo, y aún como simple militante, sentía (y siento) honda preocupación por los cargos aún no probados de que se hace blanco a la Alcaldía Distrital y así lo he manifestado sin ambages.

2. Tengo un alto concepto de la doctora Clara López, hoy presidenta del partido. He elogiado públicamente su gestión inteligente y atinada y así lo he dicho públicamente.

Pero cuando siendo ella secretaria de Gobierno Distrital se difundió a través de una publicacdieciocho años que hace que vivo en Bogotá, jamás he tenido una conversación privada con un embajador de los Estados Unidos en Colombia. He ido a la sede diplomática sólo cuando debo tramitar la renovación de mi visa o cuando he sido invitado a la conmemoración del Día de la Independencia, el 4 de julio, es decir, no he sido asiduo visitante o contertulio como parece que lo son algunos políticos.

En consecuencia las opiniones que se me atribuyen en los mensajes de esa embajada a Washington han sido expresadas públicamente y para recogerlas no se requiere de informantes.

II. Tales opiniones, que a menudo reitero, son para el caso éstas:

1. Que a alguien le imputen un delito no equivale a que lo haya cometido; por tanto, que se perciba corrupción en una gestión administrativa no es igual a que tal administración sea corrupta, pero el hecho es negativo para los funcionarios responsables y para su partido.

Yo, como presidente del Polo, y aún como simple militante, sentía (y siento) honda preocupación por los cargos aún no probados de que se hace blanco a la Alcaldía Distrital y así lo he manifestado sin ambages.

2. Tengo un alto concepto de la doctora Clara López, hoy presidenta del partido. He elogiado públicamente su gestión inteligente y atinada y así lo he dicho públicamente.

Pero cuando siendo ella secretaria de Gobierno Distrital se difundió a través de una publicación periódica el rumor, no probado desde luego, de que los nombramientos hechos por ese despacho estaban sujetos al visto bueno previo del doctor Carlos Romero, su esposo, miembro del Comité Ejecutivo del Polo, no oculté mi preocupación y así lo expresé sin que pudiera entenderse que aceptaba tal imputación como verídica.

La mentira y la calumnia son armas políticas atroces precisamente por los efectos irreparables que ocasionan y por eso no podemos soslayarlas.

En conclusión, lo que la embajada re

 

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