Por: Rodrigo Uprimny

Carlos Gaviria: nuestro Sócrates

CARLOS GAVIRIA FUE PARA MUCHOS colombianos un gran magistrado y un político de izquierda democrática, que descolló por su inteligencia, sus visiones renovadoras y su comportamiento ético intachable. Y claro que fue eso.

Gaviria, junto con otros magistrados, íntegros y renovadores, como Ciro Angarita, Martínez Caballero o Cifuentes, contribuyó decisivamente a construir la identidad garantista y pulcra de la Corte Constitucional, que tanta admiración ha producido y que hoy está en riesgo.

Pero para la mayor parte de quienes le conocimos personalmente, Carlos fue ante todo un incomparable profesor porque enseñaba a través del diálogo y del ejemplo.

No fui alumno formal de Carlos, pero tuve la fortuna de compartir con él innumerables conversaciones, gracias a un generoso ritual que instauró y era que cada dos o tres meses nos invitaba a cenar a un grupo de profesores más jóvenes, que Carlos consideraba sus amigos y que éramos además cercanos a las nuevas visiones del derecho que Gaviria encarnaba.

Eran cenas muy simples: un par de tragos en su casa y salíamos a algún restaurante. El propósito era aún más simple: charlar, pues Carlos fue un maravilloso conversador. Y hablábamos de cosas sencillas y personales, pero casi siempre, sin buscarlo, salían temas académicos complejos de ética, derecho, historia o filosofía. Y entonces, en medio de anécdotas, Carlos, por medio de preguntas socráticas, análisis agudos y referencias teóricas y literarias, nos daba lecciones en todos estos campos.

Lo que aprendí en esas conversaciones es invaluable. Por ejemplo, Carlos, el mejor conocedor del positivismo jurídico en Colombia, me mostró nuevas formas de ver la obra de Kelsen, que yo creía conocer. Y también fueron enorme sus enseñanzas éticas, que no fueron a través del discurso sino de su comportamiento intachable, pero sin aspavientos. Porque la ética, como él solía decir citando a Wittgestein, uno de sus filósofos predilectos, no se enseña sino que se muestra.

Su llegada a la política, que a muchos pudo asombrar, tuvo algo de natural en este educador nato, pues Carlos pensaba, citando al filósofo alemán Benjamin Erhard, que la ilustración era el principal derecho del pueblo en una democracia. Y es que una democracia robusta presupone ciudadanos políticamente educados que puedan participar libre y autónomamente en la vida colectiva. Carlos entendió su entrada a la política como un esfuerzo por contribuir, con sus capacidades pedagógicas, a la formación de una ciudadanía más ilustrada con una mejor capacidad de participación democrática. En cierta forma quiso llevar a la política colombiana la docencia y la decencia, en lo cual emuló a Sócrates, su personaje histórico favorito. Pues Sócrates fue para Carlos no sólo un gran filósofo, sino sobre todo un educador de la ciudadanía ateniense, gracias a su incesante discusión de los problemas éticos y políticos fundamentales. Carlos Gaviria hizo lo mismo y fue por ello nuestro Sócrates.

 

* Director de Dejusticia y profesor de la Universidad Nacional.

 

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