Por: Nicolás Rodríguez

Carlos Iván Degregori

MURIÓ EN PERÚ EL ANTROPÓLOGO Carlos Iván Degregori, reconocido escritor, activista y profesor.

En palabras de uno de sus amigos, era Degregori el último en atreverse, con éxito, a tender puentes entre la política y la academia. “¡Qué difícil para una generación que quiere profesionalizar la academia y no cometer el error de politizarla, porque abundan los malos ejemplos; muy pocos quedan en pie como él. Qué difícil es ser Carlos Iván”, escribió Carlos Meléndez en el periódico El Correo, acaso el diario peruano con la línea editorial más distante del pensamiento de Degregori.

Porque  Degregori era un hombre de izquierda. “Desconcertado, como todos los que son de izquierda”, según lo explicó en una entrevista,  e interesado en asumir como banderas políticas los temas del racismo, la desigualdad, la diversidad y el ecologismo (“por todos lados se queman o se mueren del frío”).

No obstante su seriedad como investigador (era un gran conocedor de la historia de Sendero Luminoso, así como de la política peruana), por lo que quizás muchos lo recordarán sea su paso por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, de la que fue uno de sus más combativos miembros.

En una época en la que no era bien visto hablar de verdades, en la que la propia legitimidad de la Comisión era torpedeada por los que se oponían a la discusión de las  libertades sacrificadas para enfrentar el terrorismo (y los que, en el otro extremo, no querían escuchar de los desmanes de ese mismo terrorismo), defendió la bandera de los derechos humanos.

También por ello es que su muerte, tras un cáncer de páncreas que no le impidió iniciar un blog con el incómodo título de “Se sienten pasos”, resulta tan difícil de admitir en tiempos en que los ciudadanos peruanos se encuentran ad portas de elegir como presidenta a Keiko Fujimori, la hija del dictador contra el que Degregori enfiló muchas de sus baterías.

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