Carta a Margarita Rosa

Noticias destacadas de Opinión

Respetada Margarita,

Expreso aquí mi agradecido reconocimiento a la pertinente pedagogía social que desde tus tribunas de comunicación has venido oficiando con impávida y lúcida honestidad. Porque más allá del coraje has demostrado criterio cualificado y bagaje ético toda vez que contradices o subviertes la personalidad arquetípica a la que, según la mentalidad común, están predestinadas las mujeres que como tú desde el mundillo de la farándula proyectan una imagen pública significativa o al menos reconocible.

Tres décadas atrás este reconocimiento habría sido una cursi carta de amor idealizándote por los suspiros libidinosos que nos causó “La niña Mencha”, tu primer personaje de telenovela después de haber quedado de segunda en el Concurso Nacional de la Belleza. Se supone que las reinas de belleza han de ser glamurosas hasta en el inodoro, incluso las que terminan como trofeos, casadas con atarbanes de la política o el narcotráfico.

Bueno, tú cometes la primiparada de enamorarte y casarte con el galán coprotagonista, a tiempo recapacitaste y el temprano divorcio debió ser un uppercut para los familiares del novio en Santa Marta y para los tuyos en Cali. También resulta escandalizante para hipócritas y mojigatas el que la otrora niña dulce ahora ande diciendo por ahí que apruebas el aborto, que tú misma interrumpiste un embarazo en una clínica clandestina porque no deseas tener hijos, que estás en contra de la criminalización a los consumidores de drogas ilícitas y en cambio propendes por su legalización.

Es una rareza en sociedades clasistas y godas como la colombiana que una “dama de bien” confronte la formalidad y la moralidad arriesgándose a la discriminación de las élites burguesas. Supongo que tus padres, Gerardo de Francisco y Mercedes Baquero, impartían en casa criterios liberales manifiestos en el espíritu irreverente tuyo y de tu hermano Martín. Por eso, en el esplendor juvenil, tampoco te conformaste, como si lo hacen tantas cari bonitas, con protagonizar heroínas de telenovelas con tan alta aceptación que bien pudiste, cual vedette, fanfarronear en las frívolas mieles de la fama.

En cambio, ahondando el arte actoral, asumiste personajes de carácter; de los cuales resalto tu papel de Juanita en “Los pecados de Inés de Hinojosa y el de Ilona Grobowska en la adaptación cinematográfica de la novela corta de Álvaro Mutis, “Ilona llega con la lluvia”.

Más desafiante la personificación de Doña Ruth Esneda Barrios Caviedes en “La Ranga” micro serie web de tu autoría para el canal YouTube. Admirable la auto mofa y la deconstrucción de tu imagen pública, desnudando, con humor tan mordaz como elegante, lo decadente y la doble moral de la sociedad criolla.

Confieso que llegué a pensar que las apologías en contravía de los formalismos y las opiniones escandalosas en tu columna en el periódico El Tiempo, eran un truco de comunicadora avispada que recurre al sensacionalismo para cooptar público ingenuo y mantenerte vigente a la edad en que para el mercado del espectáculo ya no das el casting para princesita en telenovela de alto rating.

Pero en verdad, es tendenciosa, sin fundamento e irrespetuosa mi prevención. Tú misma la desmientes con creces casa vez que desde tu cuenta de Twitter expresas con tino y franqueza tu criterio al respecto del acontecer nacional y mundial.

Hiciste que me tragara mis infundios de mala leche cuando declaraste sin agüero, que estudiaste con juicio las propuestas del candidato Gustavo Petro, por lo que consideras que su programa de gobierno es el que necesita el país.

Declararte partidaria de quien los politiqueros consideran el coco, es como restregar tu pensamiento independiente en el rostro de tus allegados de la aristocracia ilustrada. Más retante cuando oficiaste como la heraldo del partido Colombia Humana haciendo la lectura pública da la Proclama del Pacto Histórico para que la coalición de los alternativos derrote el uribismo en las próximas elecciones.

En seguida, titulas “Dilema ético” la columna en la que apodas “El innombrable” al magnate dueño del periódico en el que escribes y denuncias su poder para decidir mandatarios y leyes en Colombia.

Por lo tanto, querida Margarita Rosa de Francisco Baquero agradezco y reconozco aquí, el que resignifiques tu imagen pública y tú prestigio para que la pedagogía social implícita en tus escandalosa opiniones acicateen las conciencias aletargadas

Comparte en redes: