Yo soy como el picaflor

Carta abierta a Uli Rueger

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Estimado Uli,

gracias por sus letras, y considerando su condición de alemán nativo y boyacense vocacional, desde luego concuerdo con usted en que el tema que me propone (el desconocimiento que se tiene en América Latina acerca de Europa) podría ser digno de una columna, pero más bien lo veo como digno de un tratado en varios tomos.

Y a la inversa, igual. Con la posible –¡pero sólo posible!– excepción de España, de Latinoamérica no se sabe casi nada en Europa. Por lo menos a la derecha del espectro. A la izquierda sí se sabe algo más, pero muy mediatizado por entelequias la mayoría obsoletas. Con decirle que hay gays europeos que lucen camisetas con la efigie del Che Guevara, quien quería reeducar a los homosexuales cubanos...

Y cuando la feria del libro de Fráncfort en 1976, que estuvo dedicada a América Latina, “un continente por descubrir”, en documentos oficiales de la dirección de la feria y del Gremio de Libreros Alemanes aparecía el novelista Juan Carlos Onetti unas veces como uruguayo y otras como paraguayo. Si eso es así a ese nivel, imagínese el resto. Bástele con nada más otro botón de muestra. En octubre 1982, cuando acudí a Estocolmo para cubrir para mi emisora la entrega del Premio Nobel a Gabo, en el taxi que me llevaba de la terminal de buses del aeropuerto de Arlanda a mi hotel, al enterarse del motivo de mi viaje el taxista me dijo que le parecía muy bien que ese año le hubieran concedido el Premio a García Gómez: seguramente eras los dos ùnicos apellidos castellanos que conocía.

Por otra parte, el conocimiento que tienen los europeos acerca de ellos mismos tampoco es cosa del otro jueves. Se lo crea o no, a mí una vez, 1964, en Berlín, un matrimonio alemán con que me tocó almorzar en un restaurante popular que ya no existe, me preguntó que si en Madrid había cines. Yo, muy serio, contesté que sí, que había uno. Y seguimos charlando, hasta que de pronto la mujer, que se había quedado muy pensativa, arguyó: "Pero usted mismo dijo que Madrid tiene unos tres millones de habitantes, ¿no es un solo cine demasiado poco?" Imperturbable le dije: "Están construyendo el segundo". Y ella, tranquilizada: "¡Ah, si es así...!"

En fin, estuve viendo qué podía enhebrar con estos mimbres, pero mi impresión personal es que una columna sobre el tema no sería sino una gota de agua dejada caer en una piedra de esas que usan en los restaurantes portugueses y brasileños para asar la carne en la propia mesa. Sea como fuere, aquí la tiene, se la regalo y dedico.

Con un cordial apretón de manos en pixeles, el deseo de un feliz fin de semana y, ya sabe, bleiben Sie gesund! [=¡que siga usted sano!], la nueva despedida en Alemania.

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