Por: Arlene B. Tickner

Carta abierta al nuevo Canciller

DURANTE LOS ÚLTIMOS AÑOS EL Ministerio de Relaciones Exteriores ha sufrido un desmantelamiento progresivo y sistemático. Mientras que carteras como las de  Defensa y Comercio se han fortalecido y se han vuelto gestoras de la política exterior del país, la que usted está por recibir sigue perdiendo terreno como su protagonista central.

Aunque existen varios análisis que dan cuenta de la magnitud de los problemas que enfrenta la Cancillería y proponen medidas para superarlos, sus antecesores no han tenido la voluntad política ni la independencia suficiente para implementar el tipo de reforma que la situación exige.

El principal inamovible está relacionado con la nómina de las misiones diplomáticas, la cual es considerada por la clase política de nuestro país como un botín para el pago de favores de toda índole. Hoy día, entre 80% y 90% de los 700 cargos administrativos y diplomáticos en el exterior son controlados por la Presidencia. Ni el gobierno Uribe, que ha abusado de esta práctica clientelista más que otros, ni el Congreso, que ha sido su principal benefactor, tienen intención de desmontarla.  Sin embargo, como un tumor en un paciente terminal, de su extirpación depende la proyección del Ministerio.

Aunque muchos de los funcionarios de la Carrera Diplomática y Consular reconocen en privado la necesidad de depurar sus filas a través de un sistema más competitivo que incentive la excelencia, el hecho de que sus homólogos políticos no deban cumplir con ningún requisito distinto de ser “amigo” del Presidente para ocupar cargos en el exterior, ni deban rendir cuentas sobre su gestión, engendra una lógica perversa que hace preferible mantener el status quo que arriesgar las pocas prerrogativas que se tienen. Aún así, anualmente están ingresando a la Carrera Diplomática jóvenes cada vez más calificados que, a pesar de los bajísimos salarios y las evidentes debilidades e incertidumbres que caracterizan a esta profesión en Colombia, siguen viendo en ella una opción de vida.

Como una persona reconocida por su disposición a escuchar las opiniones ajenas, su carácter sosegado, su espíritu conciliador y su autonomía, usted tiene las herramientas básicas para emprender un cambio dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores y ayudar a construir una verdadera política exterior nacional. 

Para ello, es indispensable abandonar el hermetismo con el que los asuntos de la Cancillería han sido manejados y convocar a un amplio debate, no sólo sobre aspectos técnicos sino sobre el tipo de diplomacia que el país necesita. Además, su cercanía al primer mandatario brinda una oportunidad singular para superar las barreras que desde la Presidencia se han interpuesto a anteriores intentos de reforma.

Sin duda, el rescate cinematográfico de los 15 secuestrados da un respiro temporal a la imagen internacional del gobierno Uribe. Pero no es suficiente para reparar las relaciones de Colombia con el mundo, las cuales han experimentado un deterioro preocupante, en particular con los socios más importantes. Su reto como nuevo Canciller es saber diagnosticar la condición de la Cancillería e interpretar el momento por el que atraviesa el país en materia internacional, propiciando una estrategia que repare la enfermedad endémica de la política exterior.

* Profesora Titular, Departamento de Ciencia Política, Universidad de Los Andes

 

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