Por: Gloria Arias Nieto
Pazaporte

Carta abierta a Daniel Coronell

Profe:

Quiero empezar escribiéndole al Daniel, mi maestro, ese hombre directo y accesible que llegaba por las mañanas al AU-107 de los Andes, a enseñarnos por qué es un deber develar esos temas que resultan incómodos para ciertos soberanos de la política y de la economía, y vitales para los ciudadanos sin voz. El Daniel que nos enseñó a no tragar entero, a validar y contrastar las fuentes; a comprender que la razón de ser del periodismo es ejercer el contrapoder y que un periodista sin independencia sería una traición a sí mismo y a su oficio.

Miles de personas en el mundo lo reconocen como el columnista más leído de Colombia. Muchísimos lo admiran, otros no se lo soportan y algunos le temen. Todos saben que ha arriesgado su vida por sacar a la luz vergonzosos escándalos de corrupción y la cara más oscura de la política. Tal vez no todos saben que se trata del mismo Daniel que ha publicado pocas pero inolvidables columnas sobre su familia, sus momentos más difíciles, sus triunfos sobre la muerte y su vida por dentro. Usted supo reinventarse en el exilio, sin victimizarse y sin dejar ni un día de pensar, escribir y dirigir sólidos equipos de investigadores, redactores y productores, todo, con tal de mantener viva la democracia y la verdad.

Sus columnas han sido siempre ejemplo de firmeza y de un desafío con razón de ser, con la responsabilidad y la autoridad que le dan el derecho y el deber de cuestionar. Para usted no hay vidas insignificantes; sabe que las protestas sociales ni se regulan ni se castran; que los muertos tienen nombre y apellido y que ni la libertad ni la vida se deshojan como una margarita al arbitrio del gobernante de turno.

Profe… ¡hará mucha falta en la casa a la que usted tanto le ayudó a construir prestigio, audiencia y credibilidad! No fue usted quien cogió a patadas la lonchera: fue la lonchera la que optó por quedarse sin su plato fuerte.

Sabemos que cada una de las letras que usted publica tiene soporte y evidencias que la respaldan. Por eso usted no se ha dejado intimidar por presidentes, mafiosos, empresarios, violento-dependientes, corruptos, sicarios, fiscales, militares o congresistas: usted sabe que ellos tendrán sus fuerzas tenebrosas, pero que es usted quien tiene la sabiduría y la información necesarias para alzar las palabras justas y veraces, ésas que le dan oxígeno al derecho de un país, a que no se lo roben, ni le mientan ni lo desaparezcan.

Me gusta su valor por genuino, por oportuno en tiempo y espacio, y por inoportuno para los delincuentes. Me gusta, porque lo suyo no es la intrepidez de los bravucones del altibajo mundo de las amenazas. Usted sabe qué y cómo escribe; sabe que eso le puede costar la vida y callarse le costaría la dignidad. A usted le pueden abrir o cerrar las puertas que sea; lo principal es que usted sabe por qué y para qué se hizo periodista y eso, mi querido maestro, nadie se lo puede quitar.

Usted, profe, se ha enfrentado a los más complejos cubos Rubik del poder y a las peores telarañas de la corrupción. Colombia lo sabe y lo respeta, y sus lectores lo seguiremos donde vaya.

Daniel, mi profe. Fui su alumna en el aula de la universidad y lo sigo siendo en cada vida que usted defiende. Me siento orgullosa de eso y de creer en usted.

Siempre,

Gloria

[email protected]

 

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