Carta al Eln

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Señores miembros del Comando Central del Eln:

Desde hace tiempo he querido preguntarles qué significa para ustedes la lealtad.

Lo digo porque luego de que Cuba acogió con toda generosidad a la delegación de paz del Eln, facilitó que se dieran los diálogos entre el Gobierno de Colombia y su organización, y ustedes cometieron el atentado contra la Escuela de Policía General Santander, lo cual llevó al presidente Iván Duque a romper las negociaciones y a desconocer, de una manera absurda, los protocolos pactados para aplicarlos en un caso semejante, ustedes no han hecho nada para facilitarle a Cuba la salida del enredo en que la metieron. Y es un enredo mayúsculo que puede costarle a la isla que EE. UU. vuelva a incluirla, de una manera muy injusta y perjudicial para esa nación, en la lista de países que auspician el terrorismo. Si ello ocurre, ustedes serían los responsables.

Me explico: el lío de los protocolos tiene las siguientes salidas: que Cuba acepte extraditar a los negociadores del Eln, lo cual no va a ocurrir, pues la isla, como país garante que es del proceso, no va a desconocer los protocolos; que Duque acepte que se equivocó, pida que se apliquen los protocolos y acuerde con el Eln y con los países garantes los detalles del regreso de la delegación del Eln a Colombia, enmarcados en lo establecido por los tales protocolos, lo que parece muy improbable que suceda, pues Duque ha demostrado no tener el más mínimo sentido de la autocrítica; o que el Eln facilite la reanudación de los diálogos de paz, tema en el cual han dicho estar interesados, pero no han movido un dedo para que esto suceda.

Porque mover un dedo sería, por ejemplo, atender el llamado del arzobispo de Cali y de los obispos de Quibdó, Apartadó e Istmina para que liberen a tres secuestrados. Y mover un dedo sería decretar un cese unilateral del fuego y las hostilidades por varios meses, lo cual implicaría suspender, mientras dure dicho cese, el secuestro, las voladuras de oleoductos y demás acciones violentas. Y ese mover un dedo por parte del Eln, en este momento, tendría que llevar al Gobierno a reanudar la negociación con ustedes, no solo porque así se lo están pidiendo a las partes varios sectores de la sociedad civil, sino también porque EE. UU. lo vería con buenos ojos, y porque al dar ese paso, Duque tomaría ese nuevo aire político que tanta falta le está haciendo.

Y si los diálogos de paz se reanudan, automáticamente Cuba saldría del lío de los protocolos, porque seguramente, después, se acordaría que continuaran las conversaciones en otro país, pues luego de palpar la deslealtad que le han demostrado tanto el Eln como el Gobierno de Colombia, probablemente Cuba no tendría interés en que los diálogos siguieran en su territorio.

Señores del COCE, les pido que reflexionen sobre esos puntos. No es posible que en momentos en que el comisionado de Paz, Miguel Ceballos, había manifestado que había “un ambiente positivo” para que se retomaran los diálogos de paz con el Eln, ustedes hayan quemado seis vehículos en el Bajo Cauca y le hayan dado a Duque argumentos para decir que “con este tipo de actos el Eln se aleja cada vez más de la mesa de negociaciones”.

Obviamente que el presidente debe entender que no puede obligar al Eln a que antes de negociar acabe por completo la guerra y se desmovilice. Pero ustedes, señores del Eln, también deben comprender que tienen una deuda de gratitud con Cuba y que deben darle una mínima prueba de lealtad.

www.patricialarasalive.com, @patricialarasa

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