Carta al ministro de Defensa

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Señor ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo. Le escribo esta carta como colombiano preocupado y sorprendido por su desconexión con la realidad del país.

He seguido con atención todas sus declaraciones en respuesta a los abusos y deformidades cometidos por los miembros de la Policía y el Ejército en los últimos días, y eso me ha impulsado a escribirle esta misiva. A título personal y como ciudadano parte de ese país que usted intenta gobernar desatinadamente.

Empiezo por establecer que es completamente errado plantear, como usted lo ha intentado varias veces, que pedir disculpas por los asesinatos cometidos es una muestra de debilidad.

Todo lo contrario.

Nada más fuerte que un gobierno que reconoce sus errores y que corrige el rumbo equivocado de sus acciones para que no vuelvan a ocurrir. Y en eso consiste honrar la vida de Juliana Giraldo, Javier Ordóñez, Dilan Cruz y otros ciudadanos que han caído a manos de las autoridades.

Pero usted no lo entiende. Por eso prohibió que la Policía revistiera todos los CAI de Bogotá con proclamas pidiendo perdón a la ciudadanía por los lamentables hechos ocurridos el pasado 9 y 10 de septiembre, como esa institución lo quería hacer para que la capital amaneciera con anuncios de arrepentimiento por los abusos y la crueldad de algunos de sus miembros.

Sigo por establecer que lo que es bueno para usted no está siendo positivo para Colombia. Su discurso de ministro en campaña está atrincherándolo a usted, pero no está protegiendo a la sociedad que en su cargo juró proteger.

Pero eso es entendible ya que usted, históricamente, ha sido un político sin convicciones. A pesar de declararse uribista y de derecha, lo cierto es que usted se ha logrado meter en todos los espectros políticos, siempre con desempeños lo suficientemente mediocres como para pasar desapercibido.

En el liberalismo brilló en el gobierno de César Gaviria por su irrelevancia como ministro de Educación y después por su incapacidad de manejar el Congreso como ministro del Interior en el gobierno del polémico Ernesto Samper.

En el de Andrés Pastrana descubrieron su talento, que era ser embajador en países donde hay poco trabajo, y por eso lo nombraron en Austria y posteriormente en Bruselas en el gobierno de Juan Manuel Santos.

Increíble que hoy, dos años después, hace parte de un gobierno y un partido político que siguen culpando de las deformidades y abusos de las Fuerzas Armadas que usted lidera a las políticas del gobierno anterior. Administración de la que usted hizo parte ya que fue representante de ese gobierno en el exterior. Algo irónico, por decir lo menos, que lo haga sin sonrojarse.

Cierro mi carta, señor ministro, diciendo que el constante llamado a la guerra que hace el Gobierno del que usted hace parte, y usted desde el Ministerio de Defensa, ha hecho que ahora el objetivo de las Fuerzas Armadas sea la misma población indefensa. Y nada más perverso para la sociedad que tenerles miedo a quienes deben protegerlos.

Su llamado a la continuación de la guerra está cada vez más alejado de los intereses y prioridades del pueblo colombiano. Pero ustedes se empeñan en seguir imponiéndolo como la agenda, incluso con teorías de la conspiración para exculparlos de su propia incompetencia y sus errores.

Esto es entendible ya que para su partido político es indispensable tener un enemigo con el cual luchar, porque no tienen más discurso. Su propósito es construir el imaginario político de que son ustedes los únicos que pueden derrotar a ese enemigo que se inventan y que transforman conforme a los hechos para que les renueve el espacio político.

Mientras tanto, los muertos de las anteriores semanas arrojan que el verdadero enemigo de este Gobierno son los ciudadanos desarmados e indefensos. Al igual que los derechos de las minorías, la población LGBT, los campesinos, el medio ambiente, la oposición, los magistrados de las cortes que imparten justicia, los periodistas investigativos e incluso los jóvenes que están insatisfechos.

Eso no es sano para una democracia.

Como no lo es tampoco que usted y el Gobierno del que hace parte se muestren como la solución a este problema, cuando la falta de empatía, la incapacidad de admitir errores de las Fuerzas Armadas y las deformaciones en el ejercicio de la defensa y la seguridad son el principal problema.

Señor ministro, sus aspiraciones políticas no van a llegar a ningún lado mientras este siga siendo el manejo de los problemas actuales. Pero, lastimosamente, Colombia tampoco lo hará mientras tengamos que seguir lidiando con su soberbia e incapacidad para controlar las Fuerzas Armadas y para admitir los errores y saber corregirlos.

@yohirakerman, akermancolumnista@gmail.com

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