Carta al pueblo valluno

Quisiera llamar a mi gente a que despierte. El Valle está desplazando a sus hijos quienes, como yo, salimos huyendo del peligro que implica tener al narcotráfico en el poder, con todas sus implicaciones sociales. Más que un llamado, es un grito desesperado.

Lo ocurrido en Buenaventura debería tocarnos más, pues es una clara muestra de todo lo que puede llegar a suceder cuando se permite que el narcotráfico infiltre todas las esferas de la sociedad. Todos somos culpables por seguir eligiendo como gobernantes a personas altamente cuestionadas o reconocidos delincuentes que se pavonean por las corporaciones derrochando el dinero de quienes sí trabajan y pagan impuestos, no de los que envían lanchas rápidas por Panamá, México y toda Centroamérica desde el puerto.

Quien haya puesto el carro bomba tiene un mismo origen, pues ya sean las Farc, los narcos, ‘Los Rastrojos’, o el grupo que sea, la base es la misma: la base de coca. Por eso el llamado a mis coterráneos para que, con la mano en el corazón, erradiquemos la plaga que pone a nuestros mandatarios desde La Picota. No estamos en una Abadía y somos libres de forjar nuestro propio destino que, por ahora, es el mismo de la legendaria Comala de Pedro Páramo: un pueblo fantasma.

 Andrés Rivera Mejía.  Bogotá.

Sobre biografías virtuales

En estos tiempos de Bicentenario, si usted se anima a leer las biografías de “colombianos” de la página virtual de la Biblioteca Luis Ángel Arango pueden ocurrírsele varias preguntas: ¿cuál es el criterio para incluir o excluir un nombre de una “personalidad” colombiana, viva o muerta?, ¿por qué lo que más abunda son los políticos?, ¿por qué hay tan pocas mujeres?, ¿qué tanto sabemos de los aportes de los extranjeros en Colombia, un país de poca memoria y pocos, pero significativos, inmigrantes? No tengo nada, por ejemplo, contra la joven patinadora María Cecilia Chechi Baena, pero no veo porqué ella aparece en la lista, mientras se excluye a uno de los más grandes poetas contemporáneos, nacido además en Colombia: Raúl Gómez Jattin.

Por otra parte, el género mismo de la biografía es algo discutible. ¿Quiénes merecen o no tener una biografía? Lo pienso por una ley del Congreso colombiano (creo que de 2007) que ordena escribir una biografía del ex presidente Carlos Lleras Restrepo. A mediados de abril la ESAP adelanta el proceso de licitación, pero aún no tenemos claro qué se espera (o no) de dicha biografía. ¿Deben ser las biografías, como lo propone por ejemplo la entrada sobre Lleras Restrepo en la biblioteca virtual de la Luis Ángel Arango, sólo una hagiografía de un personaje? ¿Se deben destacar sólo sus “aportes” y “virtudes”?

 Gabriela Amar. Socorro.

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