Por: Gustavo Páez Escobar

Carta de Hernando Giraldo

Leí en Eje 21, de Manizales, la carta dirigida por Hernando Giraldo, el notable columnista de El Espectador en la época de los Cano, a Nicolás Restrepo, director de La Patria, de Manizales. Con este documento, Giraldo reaparece en la vida pública después de muchos años de silencio.

Es una carta de tono desolado en la que, aparte de referirse a sus años de estudio para la vida sacerdotal, y luego a su fugaz desempeño como juez de Bojacá, narra su larga carrera periodística en los diarios La Patria, La República y El Espectador. En total, cerca de medio siglo de actividad periodística. El mayor recorrido corresponde a El Espectador, durante más de 30 años.

A la edad de 13 años, como estudiante de la Escuela Apostólica de los padres lazaristas o vicentinos en Santa Rosa de Cabal, descubrió su vocación para el periodismo. A tan corta edad, ya tenía su periódico propio, El Misionero. A los 20, comenzó a escribir en La Patria. Trasladado a Bogotá, se vinculó a La República, cuyo director era su paisano caldense Silvio Villegas.

Más adelante se entrevistó con el director de El Espectador, Gabriel Cano, conocido como el “jefecito”. Llevaba como credencial una crónica que deseaba publicar en el suplemento dominical de dicho periódico. Conocido el escrito por don Gabriel, gran descubridor de periodistas (como años después lo sería Guillermo Cano), se le abrieron las puertas de El Espectador.

Tomaba impulso una de las carreras más exitosas en la prensa nacional. En principio, el “jefecito” le pidió que escribiera dos columnas semanales. Días después, conocido su estilo paisa, desabrochado, directo e irreverente, que conquistaba amplia audiencia en el país, el director le solicitó que su Columna Libre pasara a ser diaria. Además, se hicieron célebres los “grandes reportajes dominicales”, así bautizados por Gabriel Cano, en los que Giraldo sobresalía con su pluma ágil, a la vez que combativa y erudita.

Fue esta la época de oro de El Espectador. Se trataba del periódico más leído del país, autor de sonados debates y crítico vehemente de la corrupción pública y de los abusos de la clase dirigente. Uno de los principales protagonistas de este periodismo aguerrido y justiciero, donde los hechos se denunciaban con absoluta precisión y alto profesionalismo, fue Hernando Giraldo, considerado por muchos el mejor periodista de opinión pública. Se le apodaba “El Calibán de los Cano” y su ánimo de lucha y denuncia social corría parejo con el de Klim

Entregó su Columna Libre cuando el periódico cambió de dueño. No pudo aceptar la salida de la familia Cano. El asesinato de Guillermo Cano, su gran amigo y aliado de grandes combates de la época, le produjo honda perturbación. Desde entonces, el columnista estrella de El Espectador se silenció en el panorama nacional. Volvemos a saber de él con motivo de la carta dirigida al director del diario manizaleño.

Cuenta en ella que a pesar de la promesa que hizo de no volver a escribir en El Espectador por las razones aludidas, hace tres meses cambió de parecer. El periodismo que practicaba desde los 13 años lo llamaba de nuevo en el atardecer de su vida. Necesitaba la combustión espiritual del noble oficio. Necesitaba volver a opinar sobre la suerte del país. Y le escribió al director de El Espectador, “diciéndole –según palabras textuales de su carta– que anhelaba volver a mi ‘casa espiritual’ de tantísimos años, al escribir una Columna Libre cada quince días”. Pero no recibió respuesta.

Hoy tiene 83 años y vive en una finca de La Mesa (Cundinamarca). Como hombre de profunda formación humanística, es un gran lector. Y un abatido ermitaño, como puede inferirse por la carta en referencia. Pocos saben en la actualidad que Hernando Giraldo fue uno de los periodistas más brillantes de aquella época convulsa de la vida colombiana.

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