Por: Cartas de los lectores

Carta de un estudiante a su patria

Querido lector: me llamo Jonathan, soy estudiante de la Universidad Nacional de Colombia y mi historia es la de muchos jóvenes de bajos recursos que sueñan con cambiar este mundo por medio de la educación. Desde muy niños, nuestros padres nos han dicho: “Mijo, estudie, sea alguien en la vida”; estas palabras nos llenan de melancolía y emoción… El solo pensar en un mejor futuro para nuestros padres e hijos hace que la vida cobre sentido. Nosotros los estudiantes deseamos profundamente dejar nuestra huella en el mundo, contribuir a mejorar la sociedad y que nuestro nombre sea perpetuado en la historia.

Las aulas de clase, nuestro hogar, hoy se encuentran vacías. Al momento de escribir esta carta no pude contener el llanto… Siento un gran nudo en la garganta, se llama ignorancia.

Las personas raramente están de acuerdo en lo mismo, excepto en una cosa: “La educación es la mejor arma que existe y la única herencia que jamás perderás”. Muchos jóvenes, incluyéndome, no tenemos los recursos económicos necesarios para acceder a una universidad privada, por lo tanto recurrimos con gran honor y orgullo a la educación superior pública.

Para nadie es un secreto que la mayoría de los estudiantes del sistema universitario estatal somos personas poco solventes. Teniendo en cuenta lo anterior, es lógico preguntarnos ¿por qué existen tantas trabas en el sistema de educación superior pública? Es como si el mensaje fuera: “Los pobres deben ser ignorantes y los ricos deben ser intelectuales”. Personalmente me da igual ser pobre, pero jamás aceptaré ser ignorante.

Los estudiantes deseamos aprender, estamos sedientos de conocimiento. No somos “vagos” y tampoco nos gusta trancar vías. Lamento profundamente si usted, querido lector, ha llegado tarde a algún sitio por nuestra culpa. Expreso mis disculpas y entiendo su enojo, del mismo modo espero que entienda nuestros motivos. Lo único que exigimos es que nuestros derechos sean cumplidos y que podamos acceder a una educación pública gratuita y de calidad.

Como hijos de este pueblo, hemos marchado pacíficamente regalando mariposas de papel a la gente y explicándoles lo que sucede. Las personas que rayan paredes o realizan actos vandálicos no representan a los estudiantes.

El desconsuelo y la incertidumbre desbordan los corazones de la mayoría de nosotros. Con el paro de clases, no somos más que almas errantes reclamando a gritos que nos sea devuelto aquello que poco a poco nos fue arrancado… la financiación.

“Sea cual sea el coste de nuestras librerías, el precio es económico comparado con el de una nación ignorante”, Walter Cronkite.

Jonathan Olarte Henao, Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

 

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