Por: Andrés Hoyos

Carta a L.

QUERIDA L, POR ESTA VEZ TE AHOrro mi opinión completa sobre la pelea callejera que se ha desatado entre la Corte Suprema de Justicia, digamos los rábulas politiqueros, y el Presidente, digamos el bravucón del barrio, no sin anotar que las víctimas potenciales del desmadre somos el resto de los colombianos.

Mucha gente ha estado hablando de ello —aquí y allá he oído cosas sensatas— pero como suele suceder, los insensatos escuchan a sus áulicos, no a los sensatos, de modo que vamos para peor. En apretada síntesis, el presidente Uribe les dijo a los magistrados algo así como “mi papá es más macho que el suyo” y, para demostrarlo, nos quiere obligar a bajar por una carretera en pésimo estado y llena de precipicios. Te recuerdo que no vamos en Mercedes, sino en el Renault 18 viejo y con frenos defectuosos que es la democracia colombiana. Dirás tú que todavía no estamos en el fondo del barranco, magro consuelo si quieres mi opinión. Te repito lo que escribí hace algunas semanas y que ofendió a una tía amargada que tengo: estamos en manos de gente orgullosa e irresponsable.

Sucede que este puente, como creo que te conté, era el Festival Malpensante 2008, y no tuve físico tiempo de preparar los 3.600 caracteres que les debo a los lectores de El Espectador. Ni siquiera sé por qué te estoy escribiendo a ti, en vez de improvisar algo sobre lo de arriba. Quizás sea porque prefiero desahogarme con una vieja amiga, en vez de intoxicarme leyendo con lápiz rojo las veintitantas páginas de la sentencia contra Yidis Medina, salpicada de latinismos —los pedazos que leí me dejaron súpito—, como tampoco tengo ánimo de ponerme a imaginar lo que puede salir del referendo montañero de Uribe. Rara que es la vida, la sentencia da a doña Yidis casa por cárcel, como si apenas se hubiera pasado un semáforo, al tiempo que, palabras más palabras menos, pide la cabeza del Presidente. Me dirás, porque te sé algo zurda de ideas, que “ese presidente que nosotros tenemos aquí” es igualmente lamentable, con el agravante de que tiene más poder que unos “supremos” a quienes sólo conocen sus primas solteras. Te concedo ese punto.

Pero te cuento algo sobre el festival. Aunque a la hora de escribir esto todavía estoy in media res, ya puedo aventurar la conclusión esperanzadora de que sí hay vida más allá de la coyuntura estrepitosa. Un par de datos nada más: vi al gran cronista, George Packer, pesimista. Le sorprende que a Estados Unidos ya ni siquiera los odiemos, sino que nos resulten indiferentes como, por otra parte, nosotros les resultamos a ellos. Dicho de otro modo, la marca “America” —así le dicen allá— anda muy averiada en el mundo. Sugiere George que vamos a echar de menos al gringo cuando las órdenes vengan en chino. ¿Será cierto? Quisiera oír tu opinión al respecto.

León Valencia, en un breve y animado debate con Teodoro Petkoff, afirmó que las dos izquierdas que hay en el actual Polo no deben estar juntas y que, tarde o temprano, dejarán de estarlo. Según él, sería mejor gestionar los papeles de divorcio desde ya. Vi algunos periodistas en el recinto, pero no sé si tomaron notas, porque lo que dijo León es noticia.

Ah, sí, se nos quedó entre el tintero alguna diva criolla que simplemente nos dejó metidos, lo cual indujo a protestas de algunos fans. Lástima, yo de entrada intuía que había sido un error invitarla, pero lo peor es quedarse con el pecado y sin el género.

Bueno, te dejo porque en un rato será el homenaje muy sentido que rendimos a Jaime Garzón. Van Fanny, Diego León, Duque y Morales. De seguro estará estupendo.

[email protected]

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Andrés Hoyos

Miopía

Brasil al borde del abismo

La actualidad

Justicia politiquera

En defensa de Ser Pilo Paga