"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 8 horas
Por: Andrés Hoyos

Carta a L.

Querida L.,

¿Por allá doña Cristina K. volvió a la Casa Rosada tras la trepanación? Ya me dirás si los cirujanos lograron enderezarle un poco la sindéresis o no. Tengo mis dudas.

Por acá se anunció la candidatura de Juan Manuel Santos a la reelección. De acuerdo, es un tema aburrido. Hay, en cambio, dos cosas más esenciales, relacionadas entre sí, que también están en juego: el proceso de paz y la solidez institucional del país. El primero tiene hoy mejor pronóstico que hace un par de meses, debido a que el proyecto militar de las Farc es cada día más inviable, factor éste que al fin y al cabo es el único que podría envalentonarlos y llevarlos a patear la mesa. Todo, claro, está conectado y uno podría verse obligado a votar en segunda vuelta por Santos para garantizar la continuidad del proceso de paz, así no lo haga con entusiasmo.

Pero hablemos del segundo tema. Recordarás la parábola bíblica del sembrador. Aunque los hermeneutas han tendido a concentrarse en las semillas que arroja el hombre, una visión más moderna nos llevaría a fijarnos en el terreno. ¿Por qué hay terrenos fértiles para ciertas plantas dañinas mientras que en otros éstas no pegan?

Un ejemplo muy actual me permitirá hacer claridad: Venezuela, país en el que se está llegando al absurdo de que el Gobierno incita al saqueo de almacenes de electrodomésticos, entre otras mil barbaridades. ¿Por qué terminaron en eso? Porque allí prendió con tremenda frondosidad la semilla del populismo más radical del que se tenga noticia en la historia de América Latina, con la siempre inexplicable excepción del mutante peronismo que se da en tu país desde hace seis décadas. Y pensar que Perón despreciaba a los argentinos.

El tema de lo que crece en los terrenos políticos es espinoso, pero uno puede hacer conjeturas. Una renta petrolera o derivada de cualquier recurso natural valioso y abundante abona el terreno para la siembra de cizaña, planta que según doña María Moliner “es muy difícil de eliminar”, al igual que ciertas costumbres políticas. Lo otro que poco ayuda es la mala educación, que deja a millones colgados de la brocha y casi los obliga a alborotar por falta de oficio. Esta actitud se entiende: si tu país te falló en lo más esencial, no tiene nada de raro que sientas que no le debes nada y que antes te deben. Pero como la educación no da votos, cualquier Juan Manuel Santos la trata como un asunto secundario.

Problema aparte son las élites espantadizas o de sesgo tecnocrático, insensibles a las necesidades de aquellos agentes económicos que no encajan en sus estrechos esquemas teóricos. Semejantes élites, ufanas y todo, serán fácilmente hechas a un lado por cualquier aguerrida nomenclatura populista, provista de un líder carismático, hablador y dispuesto a cargarse lo que sea, tipo Chávez, sí, aunque también tipo Álvaro Uribe.

La reelección presidencial, a menos que se viva en un régimen parlamentario puro o en un país muy consolidado, es un arreglo político peligroso para países de instituciones débiles. ¿Por qué? Porque en ellos es fácil ejercer el poder de manera abusiva, incluso mientras el mandamás, como lo hacía Chávez y ahora lo hace Maduro, les echa la culpa de lo que pasa ¡a quienes justamente están fuera del poder!

Mal consejero, por último, es el miedo que conduce a la parálisis y a políticas contraproducentes. En fin, querida, las cosas van por donde quieren, no por donde deben.

Un abrazo,

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