Por: Oscar Guardiola-Rivera

Carta a los políticos

En su Carta VII, Platón recuerda que constituye un muy inadecuado método de lectura el confundir las máximas filosóficas con justificaciones para la acción, y reducir la pedagogía y el diálogo a meras formulaciones. Llamando la atención sobre la prudencia que debería acompañar cualesquiera comunicaciones con quienes gobiernan, recomienda “no hablar de manera directa, pues nuestra seguridad se vería comprometida; por ello fingimos al hablar”.

Para evitar los malentendidos en que caen quienes critican a Platón como el primer “enemigo de la sociedad abierta”, como Popper y Vargas Llosa, el verbo que aquel utiliza –fingir, actuar o simular, crear artefactos o ficciones- es muy diferente de este otro, disimular. El segundo implica ocultar y por extensión la acción que se realiza en secreto antes que a la luz pública. El primero, en contraste, sugiere los esfuerzos similares realizados por quienes buscan hacer presente o traer al escenario público una misma cosa que antes no estaba allí. Lo que quiere aparecer en el escenario a la luz pública es la comunidad misma que de esta manera se hace presente y abre para sí un camino diferente.

El punto es que en vez de hacer peticiones a quienes gobiernan o esperar su favor tras haberles brindado apoyo y consejo, lo que suele ocurrir en el secreto y la oscuridad, con frecuencia mediado por el dinero, y suele terminar mal para quien aconseja (recuérdese el caso de Sócrates), para la comunidad y quienes escriben y reflexionan sobre su situación actual en busca de un futuro diferente es mejor juntarse y realizar alianzas.

La política consiste en realizar este tipo de alianzas que abren en el presente caminos diferentes a los callejones sin salida ya transitados. La escritura es su medio: el teatro en cuya escena se revela la impotencia del gobernante; la ficción narrativa y crítica que desde Thomas More a Walter Benjamin y el recién desaparecido escritor caribeño William Harris, nos ayuda a pensar la tragedia de nuestra condición presente e imaginar una diferente; el buen periodismo cuando trae a la luz aquello que los poderosos preferirían oculto; y el diálogo, que en todas sus formas re-instituye mediante la celebración de acuerdos en reemplazo de las leyes corruptas por la guerra y da vida nueva a comunidades que parecían condenadas a la autodestrucción y la muerte.

Quienes en cambio dan consejo y apoyo en espera de favores, quienes forjan compromisos tras bambalinas, quienes venden y compran votos o conciencias, quienes manipulan con el miedo, el ocultamiento y la falsedad a la opinión y prefieren aniquilar al contrincante antes que hablar, son quienes corrompen las instituciones políticas. Al hacerlo no solo traicionan a la comunidad sino que la desintegran. Platón les llama tiranos. Debemos aliarnos para derrotarlos.

 

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