Por: Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

En varias ediciones recientes de El Espectador se ha informado de la inminente presentación ante el Congreso de la nueva y flamante reforma a la salud, como fue la de la edición del lunes 18 de marzo.

He buscado infructuosamente saber quiénes asistieron en representación de la comunidad médica y cuál fue la intervención de sus representantes, y por ello pienso que éstos hayan sido el convidado de piedra.

Se califica así a una persona que en una reunión parece sobrar porque no participa, parece sobrar porque no entiende o porque no se siente a gusto o no tiene nada que aportar.

En los inicios de la inclusión de la Ley 100 de 1993, los médicos tampoco tuvieron injerencia, principalmente porque nunca se preocuparon por saber administración o gerencia y nunca tomaron ventaja de lo que en la ley les permitía formar IPS y de común acuerdo negociar con las EPS costos y tarifas por los servicios prestados. El Fosyga les permitía obtener préstamos para iniciar sus IPS. Casi ningún médico accedió a esos préstamos y la única EPS de médicos y gerenciada por médicos desapareció y fue liquidada por su mala administración.

Las sociedades científicas que anteriormente intervenían en la formulación de tarifas de consultas y de costos por los procedimientos quirúrgicos, e inclusive asesoraban al extinto Seguro Social, fueron despojadas de esa capacidad por la Superintendencia de Industria y Comercio, e inclusive la Sociedad Colombiana de Urología fue multada y su presidente amenazado con cárcel si insistía en mantener esa prerrogativa.

La profesión médica ha sido la más vulnerada con la implementación de la Ley 100 de 1993. Posteriormente, la población colombiana en general ha sufrido los desmanes de la corrupción rampante. No es del caso mencionar quiénes fueron los políticos, que son verdaderos responsables de ese desastre en la salud, porque todos sabemos sus nombres, pero los médicos, en general y por encima de todo, han sido sujetos de la desunión y del personalismo de sus dirigentes que han permitido que hoy se hayan convertido en convidados de piedra. En la prensa capitalina solamente hay dos columnistas médicos que elevan su voz, como en la Antigüedad: la voz que clama en el desierto.

Héctor Chamorro. Bogotá.

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