Por: Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Lleva menos de una semana ejerciendo su nueva función de sucesor de san Pedro y el papa Francisco ya ha conquistado los corazones de millones de personas.

Hemos podido comprobar su sentido del humor ya desde los primeros minutos, cuando dijo que los cardenales habían ido a buscar al nuevo obispo de Roma casi al fin del mundo. Hemos constatado su sencillez, al inclinarse ante la multitud reunida para que rezaran por él al inicio de su ministerio, al renunciar a ser trasladado en un coche privado a la Casa Santa Marta para la cena con los cardenales la misma noche de su elección, al ir a pagar la cuenta a la recepción del lugar donde se hospedó durante los días de las Congregaciones Generales. Hemos sido testigos de su cercanía a todos: ha hablado por teléfono con el papa emérito Benedicto XVI y el próximo sábado lo irá a ver personalmente a Castel Gandolfo; ha ido a ver en la clínica a un cardenal que ha sufrido un infarto hace pocos días, ha llamado al superior general de los jesuitas (orden a la que pertenece), ha concedido una audiencia a los periodistas en el Aula Pablo VI, ha saludado personalmente a un montón de fieles tras la misa dominical en la parroquia de Santa Ana. Hemos oído también dos ideas fundamentales en sus exhortaciones: la primera, que quien no quiere acercarse a Dios, inevitablemente se acerca al demonio; la segunda, que Dios es misericordioso.

Estemos atentos, porque creo que esto es el inicio de muchas cosas buenas que pueden venir. El apoyo y el afecto de millones de personas creo que ya se los ha ganado.

Pelayo Romay. Barcelona, España.

Autor de ‘Pueblito viejo’ 

Entre tiples, guitarras y bandolas transcurrió la vida musical del maestro compositor José Alejandro Morales López. Ícono en la música folclórica andina de Colombia, nació en Santander el 19 de marzo de 1913 y murió en Bogotá el 22 de septiembre de 1978, cumpliría cien años en 2013. Pueblito viejo no sólo es el himno de su tierra natal, Socorro, sino para muchos colombianos, la canción de infancia. A sus ocho años ya cantaba guabinas, bambucos, danzas y pasillos. Creció y su prodigioso talento fue aumentando, hasta volverse imprescindible en tertulias, saraos para mayores, ya que poseía un registro de tenor natural, que lo llevó a conformar la agrupación Lira Calvo e intérprete de la zarzuela ‘Flor del café’.

Helena Manrique. Bogotá.

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