Por: Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

En la edición del domingo de El Espectador, en artículo titulado “Nadie se ha muerto de una sobredosis de marihuana”, Ernesto Samper recomienda: “La marihuana debe recibir un tratamiento especial e independiente de las demás drogas.

Este trato se justifica por su relativa inocuidad para la salud”. El periodista pregunta: “¿Por qué hay que darle a la marihuana un tratamiento especial?”. Respuesta: “Porque siempre estuvo fuera del índex de las drogas y en los años 50 se incluyó por una simple decisión política”. 

Sería interesante que el expresidente citara las fuentes que sustentan su última afirmación, ya que los índices de categorías relacionadas con daños, elaboradas por académicos alejados de la política, sí incluyen la marihuana, pero por razones derivadas de estudios científicos, no de “simples decisiones políticas”. Por ejemplo, la escala elaborada por David Nutt y asociados en 2007 clasifica al cannabis como una droga que ocasiona un bajo daño físico relativo, pero sí registra un nivel alto en su categoría C, en lo relacionado con “dependencia (superior al éxtasis) y a los daños a la familia y la comunidad” (‘Development of a rational scale to assess the harm of drugs of potential misuse’, revista médica The Lancet, 2007, 369: 1047–53).

Esta escala anterior, sin embargo, no consideró los resultados de estudios recientes sobre los efectos nocivos de la marihuana, efectos que se han hecho más evidentes en investigaciones publicadas después del año 2007. En la escala del mismo Nutt de 2010, el cannabis aparece en el puesto número ocho de un grupo de veinte drogas evaluadas. Por encima del éxtasis y el LSD (The Lancet, noviembre 2010). Por lo mismo, aunque los investigadores siguen considerando que los efectos de la marihuana son menos nocivos que otras drogas, esto no significa que sea “inocua para la salud”.

El neurotoxicólogo de la Universidad de Utrecht Raymond Niesink explica que “el consumo de cannabis durante la adolescencia puede perturbar el desarrollo de la corteza prefrontal y puede llevar al desarrollo de trastornos psicóticos”. (revista científica Progress in Neurobiology, 2010 jul. 15).

Otros estudios relacionan el consumo de marihuana con la depresión, la disminución de las capacidades (Science & Vie, febrero 2013).

Muchos estamos de acuerdo con el expresidente Samper en que la “legalización” es el camino. También que los adictos requieren asistencia médica y apoyo familiar, más que cárcel. Sin embargo, las imprecisiones son elementos que no favorecen el proceso de búsqueda de soluciones viables.

Jairo Puente Brugés. Decano 

Facultad Química Ambiental. 

Universidad Santo Tomás. 
Bucaramanga.

 

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