Por: Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Colombia es un país con 44 millones de jueces-investigadores. O algo muy cercano a eso.

Lo digo porque para la casi totalidad de nosotros el exministro Arias es culpable y su estadía en la cárcel, justa. No para mí, y en eso celebro su editorial del viernes. No porque me agrade Arias, no votaría por él ni para la junta del edificio en que vivo, sino porque no podemos caer en un Estado kafkiano en el que a la gente la meten a la cárcel (de lujo o no), durante años, sin que se defina nada sobre ellos. Eso no puede ser posible en una democracia y es un daño tremendo a la misma cuando llega a pasar. E infortunadamente pasa todo el tiempo: hay miles y miles de colombianos en cárceles por, como dice el dicho popular, intento de sospecha. No les han probado nada, no los han condenado. Si los 44 millones de jueces nos ponemos del lado de la justicia, en lugar del lado de los justicieros veremos que Arias pudo ser culpable de un desfalco (no lo sabemos aún), pero tenerlo preso sin condena es un daño mayor para nuestro proyecto de nación. 

Los ciudadanos deberíamos poder confiar en que si alguna vez, por cualquier razón, caemos en desgracia y algún juez ordena investigaciones o procesos, éstos serán justos y tendremos pronta forma de mostrar nuestra inocencia y un chance real de ser supuestos inocentes mientras no nos condenen. Temo a la justicia colombiana, le temo porque podríamos cualquiera de nosotros caer en una cárcel y no volver a ver la luz de la libertad por años sin que medie una condena o un juicio justo. Le temo porque eso no es justicia. 

Se necesita valor por parte de El Espectador para establecer su posición en el caso Arias y ese valor viene de que no le temen al juicio de los 44 millones de jueces que ya condenaron al exministro sin haber siquiera valorado todas las pruebas y testimonios.

Nelson Vanegas. Medellín. 

Anunciantes

Anunciantes retiran la pauta de la serie para televisión Los tres Caínes, basada en la vida de los difuntos hermanos paramilitares Carlos, Vicente y Fidel Castaño Gil, por considerarla violenta y por no resarcir a las víctimas. En aras de la igualdad y la coherencia, todos los anunciantes deberían retirar sus pautas de novelas y programas unitarios en horario familiar, cuyo argumento truculento siempre es: asesinato, violación, adulterio, incesto, sangre, prepagos, pospagos, etc. 

Helena Manrique. Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

 

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