Por: Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

El señor Rafael Tribín Cárdenas, político de profesión, dolido porque este año el vicerrector administrativo, Ricardo Núñez Pinzón, no les concedió tratamientos de favor contrarios a los reglamentos de la universidad a parientes y amigos suyos, tal como parece que en años anteriores, con abuso de sus atribuciones, otro alto funcionario se los otorgaba, ahora, en compañía de Antonio Rocha, se vino con una serie de hechos tergiversados y falsas acusaciones que se refutan por sí mismas.

En primer lugar, me refiero a la oferta de compra de un 40% de la Universidad por parte de una firma extranjera. Sometida al Honorable Plénum, no fue aceptada y, desde entonces, nunca más se habló de ella.

Como “proponer no es obligar ni ofender”, como dicen los campesinos, ¿dónde, entonces, lo oprobioso de este asunto, sino en las mentes torcidas de nuestros acusadores? Falta agregar que uno de ellos, Antonio Rocha, fue de los más empecinados en que esta oferta se aceptara.

La otra acusación tiene que ver con el “Fondo Unigran”. Este organismo fue creado para hacer rendir en forma más técnica las inversiones de la Universidad y, como dicen nuestros detractores, se llegaron a manejar cerca de $143 mil millones. Esto es cierto, pero gracias precisamente al manejo serio y eficaz con este organismo se obtuvieron rendimientos que permitieron construir edificios o adquirir otros para aumentar las aulas, comprar más libros para las bibliotecas, montar modernos centros de cómputo, sufragar las cuantiosas inversiones que exige el actual proceso de acreditación. No sobra advertir que el Fondo Unigran ha estado permanentemente vigilado tanto por la Auditoría, como por una comisión especial de la Consiliatura, ambos organismos independientes del rector. Donde nuestros detractores ven detrimentos y deshonestidades, los organismos estatutarios de la Universidad han encontrado motivos de éxito y felicitación.

Se quejan nuestros malintencionados acusadores de que una sobrina mía sea la directora del Fondo y que mi yerno y mi hija estén vinculados para ejecutar algunas de las licitaciones, insinuando una conducta nepotista. Hay que formular las siguientes precisiones:

1) La Universidad La Gran Colombia es una entidad privada, no pública, y por tanto no hay ningunas disposiciones que prohíban vincular parientes a sus actividades.

2) No obstante, para su vinculación pedí autorización a la Consiliatura.

3) El motivo por el cual vinculé a estos parientes es transparente: Para tener una mayor seguridad y honestidad en unos cargos en que el rector debía tener absoluta confianza.

No sobra subrayar que es falso que mi yerno ostente dos cargos con doble asignación salarial.

En este punto también es significativa la doble conducta del doctor Rocha, quien a espaldas del rector y sin autorización de él, abusivamente se hizo nombrar en la oficina de licitaciones, desempeñando dos cargos y devengando dos sueldos, en contra de expresas prohibiciones de los reglamentos. En esa misma oficina hizo colocar, además, a su compañera sentimental, y es significativo que el doctor Rocha olvide que desde hace varios años un sobrino suyo, Iván Zapata Rocha, trabaja como director de planta física. También olvida que su tío Gustavo Chamorro se desempeñó durante varios años como pagador. Es otro capítulo de la doble conducta de mi gratuito acusador.

Sobre los escoltas, efectivamente yo y mi familia hemos sido objeto de amenazas debido en buena parte a mis actuaciones como rector. Era natural que la Consiliatura me brindara los medios adecuados para mi seguridad y la de los míos, como son los autos blindados y los escoltas. Finalmente, los gastos de mi candidatura presidencial en el año 2009 fueron sufragados con recursos propios y con parte de la liquidación de mi propia cesantía como rector.

 José Galat. Rector.
***

Quienes somos grancolombianos, al leer el artículo titulado “Las peleas del rector José Galat”, no podemos guardar silencio; porque es un absoluto despropósito, en razón a que nuestro rector no está prodigado ni de la fuerza, ni de la brutalidad, para casar peleas; es un hombre absolutamente bueno.

Regenta La Universidad La Gran Colombia, que es su obra, arquetipo de la educación en Colombia, principalmente en principios éticos y morales insoslayables, a la que el Dr. Galat le ha dedicado su vida entera; gracias a esa solidaria institución, soy un profesional del derecho, agradecido por mi formación y en consecuencia moral y éticamente obligado a defender el buen nombre e imagen institucional de nuestra alma máter, como de su señor rector, directivas, comunidad de docentes y población estudiantil.

¡Ah! falta que hacen los principios de lealtad, criterio, rectitud, honestidad, responsabilidad y, por qué no decirlo, sentido de agradecimiento, en aquellas personas (me refiero a los doctores Rocha y Tribín) a quienes la Universidad tendió su mano, les permitió desempeñar importantes cargos y a cambio le devuelven afán de empotrarse en el poder u obtener ventajas o beneficios desmedidos; y cuando son descubiertos, responden con ingratitud, traición o calumnia, causando enorme daño al buen nombre y dignidad de un hombre que ha dedicado su vida (más de seis décadas) a educar a los colombianos.

Como egresado, como expresidente del Consejo Estudiantil de la Facultad de Derecho, por varios años, tengo la autoridad moral para manifestar que conozco a la universidad, su funcionamiento, sus dependencias, la calidad de la educación y de los señores docentes, su desarrollo, su crecimiento estructural y tecnológico, el contenido de sus programas educativos, la amplia participación de los estudiantes en los consejos o comités pertinentes; situaciones y condiciones que no se dan silvestres, por cuanto estas corresponden a su dirección institucional, en cabeza del señor rector.

José Buenaventura Parada M.
Envíe sus cartas a [email protected].

 

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